Se acercan las navidades, periodo consumista donde los haya, y estamos en pleno desarrollo de la feria de fotografía más importante del mundo, la bianual Photokina, donde todos los fabricantes del ramo presentan sus modelos más punteros, sus novedades lanzadas y las que están por venir, así como sus líneas de mercado para el futuro próximo. Como todos los años, en especial los que hay Photokina, por estas fechas se disparan los casos de gente que quiere cambiar de cámara o adquirir una nueva. En esto el mercado no ha cambiado desde hace ya unos 20 años, en pleno boom de la electrónica aplicada a la fotografía; desde entonces ha sido constante la adición de características totalmente superfulas a las cámaras de nueva generación en una especie de carrera de todos los fabricantes por tener la cámara más “cool”. En esta especie de “¿sí? pues la mía más” se nos han quedado un montón de cosas importantes por el camino, entre otras, la calidad de las lentes que acompañan a las cámaras de iniciación.
En los años 70 y primeros 80 lo habitual era, al comprar una cámara, que ésta viniera acompañada de un objetivo de 50mm, normalmente f:1.7 o f:2.0, es decir, muy luminoso; además estos objetivos tenían -y tienen- una calidad óptica realmente alta y son compactos y ligeros, es decir, una pequeña joya. Prácticamente todos los fabricantes los siguen ofreciendo en sus catálogos y suelen tener hoy en día, precios irrisorios comparandolos con el resto de la gama.
Claro que, por aquel entonces, no había casi zooms; cuando éstos se popularizaron, desparecieron los 50mm del “kit” de iniciación, se produjo el primer sacrificio en aras de una supuesta mayor versatilidad, se pasó a montar zooms 35-70mm f:3.5-4.5, bastante menos luminosos, pero aún de una calidad óptica bastante decente y buena calidad mecánica. Sin embargo la industria no se quedó ahí… las cámaras tenían que ser más ligeras y con más “prestaciones”, se comenzó a escatimar en la robustez y calidad de construcción de las cámaras -cuanto más plástico más barata sale la construcción- y comenzamos a ver cámaras de calidad constructiva realmente baja, vendidas a precio de oro, mientras las antiguas eran criticadas por sus “pocas prestaciones”. Por supuesto, los objetivos siguieron el mismo camino; los últimos zooms “de kit” decentes fueron los que llevaban la Nikon F90 y las Pentax MZ-5, un muy buen 28-70mm bastante luminoso en ambos casos (f:3.5-4.5 para el Nikon y f:4 para el Pentax). A partir de ahí empezaron a aparecer zooms 28-80mm y 35-80mm f:4-5.6 o 3.5-5.6 en los que calidad óptica cayó en picado, acompañada de la calidad de construcción que pasó a ser bajísima.
Y así hemos llegado hasta la actualidad, donde sólo una marca ofrece, de momento, objetivos “de kit” de calidad óptica alta, aunque no sean muy luminosos, y todas las marcas tienen cámaras plagadas de prestaciones realmente superfluas (por no decir cosas peores); el caballo de batalla ahora está en el ruido a sensibilidades altas y en los estabilizadores de imagen, seguidos de cerca por el número de puntos del sistema de enfoque. Cuestiones absolutamente ridículas, en cuanto uno se pone a analizarlas medianamente en serio, para la inmensa masa de los usuarios de una cámara de fotos.
¿Ruido a iso 1600? Seamos serios, hace 5 años en los foros todo el mundo andaba como loco detrás de las Fuji Velvia (iso 50) y Provia (iso 100), a penas se usaban las diapositivas de iso 400 y sólo había algunas películas de negativo de iso 800, por no hablar de las de iso 1600 que se podían contar con los dedos de una mano; Fuji aguantó con su Super HG de iso 1600 mientras sacaba las Super G y las Superia del resto de sensibilidades… y en muchas marcas había que buscar con muchas ganas para encontrarlas. Sólo en b/n se veían más o menos a menudo los que usaban isos altas, más como un ejercicio de estilo que como una necesidad real en la mayoría de los casos. Ahora se ha debido de apagar el sol, supongo; eso sin contar con que la mayoría de foteros dudo mucho que sepan sacar partido de condiciones de luz tan paupérrimas en las que se necesite del uso de sensibilidades tan altas (y me incluyo en el grupo) o que se las encuentren con una frecuencia tan alta como para que el rendimiento de la cámara sea realmente importante en esas situaciones.
¿Estabilizador de imagen? Me vale lo mismo dicho para el caso anterior ¿qué utilidad real tiene disparar a pulso a velocidades de 1/15s o de 1/8s? ¿Qué sujetos fotográficos realmente interesantes te puedes encontrar con esas condiciones de luz? porque si se mueven ellos estás jodido, con estabilizador o sin él… y si no se mueven un trípode estabiliza de cojones, y los hay ligeros, pequeños y, sobre todo ¡BARATOS! Desde luego hay sitios donde no se puede usar un trípode, no sé, en un museo por ejemplo… ¿Esa es la utilidad del estabilizador? ¿hacer fotos en un museo?… Lo puedo entender, en cierta medida en el uso de grandes teleobjetivos, pero éstos suelen requerir de por sí, el uso de un trípode robusto y, aún así, tienen unas aplicaciones muy concretas que no entran dentro del ámbito de la mayoría de nosotros. Y si la intención es hacer fotos desde vehículos en movimiento, se han hecho toda la vida, mucho antes de los estabilizadores.
Puntos de enfoque, ¿qué decir que no se haya dicho ya? normalmente se tarda mucho más en elegir un punto de enfoque en concreto que en enfocar con el central y reencuadrar, o enfocar manualmente. Fue una útil incorporación, no digo que no, de hecho, posiblemente la mayor mejora electrónica para la fotografía, pero la carrera y las comparativas desde hace tiempo en número de segmentos y velocidad me parece realmente ridícula.
Para hacer fotos, casi cualquier tipo de foto, a parte de un buen objetivo, sigue haciendo falta lo mismo: una cámara con unas prestaciones básicas y un fotómetro, además de las nociones técnicas necesarias si queremos hacer algo más que apretar el botón. Punto pelota. NO nos hace falta la última cámara del mercado, NINGUNA cámara va a conseguir mejores fotos por nosotros, ninguna prestación nos va a proporcionar fotos que no conseguiríamos de otra manera…
A la hora de comprar una cámara, fíjate en las cosas importantes: que esté bien construida y que sea resistente, que tenga un buen visor (o al menos que no tenga uno horriblemente malo) y luego compra los mejores objetivos que te permita tu presupuesto… y a sacarle jugo. Sólo para cosas muy concretas se necesitan accesorios especiales y prestaciones especiales.
Igual, algún día, alguien se da cuenta.