Tuve la suerte de poder pasar estos días festivos de Semana Santa en Portugal, concretamente en las cercanías de Lisboa; hacía mucho tiempo que no visitaba el país vecino -todavía se pagaba en escudos- y tenía ganas de volver y conocer esa magnífica y preciosa ciudad de la que todo el mundo hablaba maravillas.
Ahora, con el viaje cumplido, tengo que decir que me ha quedado un regusto más bien agridulce: por un lado he disfrutado mucho del viaje, de conocer sitios que no conocía y de las vacaciones en sí. Por otro me he llevado alguna experiencia desagradable, poco importantes todas, pero que hacen que no me haya marchado de allí todo lo bien que hubiera querido.
Como de lo bueno hay mucho y de lo malo poco, voy a empezar por ahí:
-Siguen conduciendo horriblemente mal, con un respeto nulo a las normas de tráfico y con un respeto nulo al resto de vehículos de la vía. Te adelantarán en línea contínua aún cuando vayas a velocidad más que legal para luego pararse 10 metros más adelante en un vado (que le manda cojones). No respetan los stops ni las prioridades ni nada por el estilo; en definitiva: nula educación y un peligro constante.
-Las carreteras han mejorado mucho desde la última vez que estuve yo allí, pero no volveré a decir nunca que en España señalizamos mal; he visto como un fin de autovía se señaliza, sin aviso previo ninguno ¡¡¡una vez finalizada la autovía, cuando te encuentras con un stop en una incorporación a una vía más lenta!!! No son raros los casos de desvíos señalizados después de haber sido tomados o con carteles dispuestos de manera que no se pueden leer si no estás totalmente encima de ellos.
-El servicio hostelero es, en una palabra, deplorable; se come muy bien, pero la atención es verdaderamente lamentable. Y no hablo de un sitio, hablo de 5 en 4 poblaciones diferentes: esperas interminables no para sentarse, sino después de haber pedido la comida. En un caso estuvimos sentados más de hora y cuarto hasta que se dignaros traernos la comida, pero en ningún caso bajó de los 40 minutos. En un caso nos marchamos después de esperar 15 minutos a que nos sirvieran 5 cervezas en un local que distaba de estar abarrotado. Para que te sirvan una botella de vino puedes llegar a tener que pedirla 5 o 6 veces… eso por no mencionar que el precio acabas teniendo que negociarlo, porque te pueden cobrar literalmente lo que les de la gana. Y esa es otra: tienes la perenne sensación de que te quieren engañar y no es agradable.
-No he tenido problemas en Francia para pagar con tarjeta en ningún sitio; aquí puedes tener que buscar un cajero de tu red para que no te crujan con la comisión, pero cualquiera de nuestras tarjetas de cualquier red de cualquier banco es Visa, MasterCard o Maestro. Con cualquiera de esas puedes pagar o sacar dinero en casi cualquier cajero de casi cualquier punto… menos en Portugal. Si eres portugués seguro que mola mazo que tu tarjeta de cualquier banco sea “Multibanco” y todos los cajeros sean de eso; pero tiene cojones que sean contados los lugares donde puedes pagar con algo que no sea eso “¿Visa?, no no Visa no, Multibanco” es lo que te vas a encontrar en la mayoría de lugares; el logo de “MasterCard” les resulta totalmente extraño y lo cojonudo es que se extrañan de ver una tarjeta que no sea Multibanco en manos de un extranjero…¡en un lugar como Lisboa! donde lo que faltan no son turistas precisamente.
En general, una sensación de que la atención al turista es muy pobre. Quizás esté mediatizado por lo que tenemos aquí y por haber vivido gran parte de mi vida en una ciudad muy turística; pero lo de allí, con el volumen de visitantes que tienen, la verdad es que me ha dejado ese regusto que citaba: no acabas de sentirte cómodo.




Y me falta lo bueno. Lo bueno es que el lugar merece una visita, de hecho merece una visita más larga que la que yo he podido realizar; sólo que si volviera, lo haría todo de otra forma, para empezar me plantearía prescindir de realizar gasto en cualquier local hostelero, no se come mal, pero estar 3 horas para comer no va conmigo, sobre todo cuando el ritmo me viene impuesto. Lamento, por ejemplo, no haber podido estar más tiempo en Sintra, lugar pintoresco donde los haya, prácticamente una ciudad dentro de un bosque; también es digno de mención que en el parque natural de Cascais-Sintra, la costa y las playas se encuentran respetadas casi por completo, sin macro-edificaciones pegadas a la costa, algo que aquí no encuentras ya en ningún sitio. Allí es perfectamente posible pasear por playas con dunas kilométricas sin encontrar un solo edificio que desentone en los alrededores. En definitiva, y por mal que suene, el problema de esa zona para mí han sido los habitantes, la zona en sí me ha encantado.