La década de la imagen digital.

22 Noviembre 2009

Se acaba 2009, y con el se cierra el decenio que comenzó con el 2000; por mucho que “oficialmente” la década se cierre el año que viene (2001-2010) la practicidad siempre nos hace considerar los periodos comprendidos entre los 00 y los 09. Pero no es de eso de lo que va este artículo. Sino de la evolución del mercado de la imagen en esta década que se cierra ahora; en la que ha habido cambios treméndamente significativos.

La década de los 90, la última del siglo pasado se puede considerar como la de la irrupción definitiva de la electrónica en el mundo de la fotografía. En especial, se produce la integración de sistemas electrónicos en las cámaras, con la generalización del autofocus en las cámaras réflex de todos los segmentos del mercado… incluído el profesional, por aquel entonces bastante reticente a ciertas novedades que venían de la mano de la tecnología.

Esta década que ahora se cierra, ha sido la del advenimiento del mundo digital a la fotografía. Hasta un punto en el que pocos podrían pensar que se llegase en tan poco tiempo: han sucumbido incluso los equipos de impresión en papel basados en papel fotoquímico, revelado por medios químicos; que hasta hace bien poco se manteían como el último bastión en la fotografía, de los materiales fotoquímicos. Con el cambio de década, nos encontramos con un mundo fotográfico totalmente digitalizado y que ha abandonado los procesos del pasado, el “revelado” químico es cosa del pasado, los nuevos equipos de captura son digitales y no llevan película, y nuestras impresiones, incluso las de alta calidad, es muy posible que ya no hayan utilizado papel tradicional, del que se exponía a la luz y se revelaba químicamente, sino que serán copias en las que la imagen se habrá obtenido mediante tintas pigmentadas o tintes de sublimación.

En el 2000, la mayoría de los que ya estábamos en esto usábamos aún cámaras de película. Con el digital tímidamente comenzando a aparecer en la toma de imágenes y centrado prácticamente en el mundo de la edición y retoque de fotografías, como ahora, en gran parte en el mundo de la publicidad; en aquella época aún había pocos equipos de “impresión fotográfica” pensados en el digital, aunque ya había algunos, impresoras como tales a parte, basados en exponer el papel fotoquímico mediante pantallas CRT, lo que nos daba una calidad discreta, pero apta para impresiones a tamaños pequeños y medianos. Por aquel entonces, las impresoras de inyección con capacidades fotográficas, todavía bastante primitivas, basadas como ahora en el mercado doméstico, en tintas colorantes, eran pocas y costaban un buen puñado de pesetas; las impresoras de sublimación ya habían hecho su aparición, y costaban una pequeña fortuna.

Como sabemos, hacia mediados de la década, las cámaras de película prácticamente han desaparecido del mercado, se han impuesto las digitales en los segmentos bajos del mercado y, en el segmento de las réflex, se vuelven a regenerar los mismos escalonamientos de gama que existían en el punto álgido del mercado de la película… es más, las cámaras vuelven a tener aproximadamente los mismos precios en cada escalón, que el que tenían a finales de los 90. Algo que contribuye, otra vez, a su popularización. Han desaparecido, por entonces, casi en su totalidad, las cámaras “semi-réflex” o “puente”, que dominaban al principio los segmentos intermedios del mercado, como escalón entre las compactas sin pretensiones y las réflex digitales que se seguían ofreciendo casi en exclusiva, en lo que antes se correspondía a los segmentos medios y altos del mercado.

Pero la última “gran revolución” es la que hemos tenido en estos últimos años, con la enorme bajada de precio de los equipos de impresión de gran formato basados en la inyección de tintas pigmentadas, además de un descenso increible en el consumo de tinta de los mismos, que han conseguido, en la práctica, destronar a los carísimos, complejos y muy propensos a carísimas averías, minilabs digitales, basados en papel fotoquímico; siendo incluso más flexibles en acabados y posibilidades que estos, consumiendo una parte de la electricidad, ocupando muchísimo menos espacio y ofreciendo una calidad de impresión, por raro que suene, superior. El último bastión lo mantenían los equipos de alta productividad de copias de tamaño pequeño; pero ha terminado siendo vencido. Por un lado por la mejora en calidad, coste y velocidad de impresión de las impresoras de sublimación de pequeño formato; que ofrecen costes por copia brutos algo superiores a los que se obtenían de un minilab… pero que son netamente superiores y permiten acceder a ellas con una inversión centenares de veces inferior y, por lo tanto, más rápidamente amortizable. Por otro lado, los principales fabricantes, como Fujifilm o Noritsu, junto con otros como HP, han lanzado “minilabs secos” basados en la inyección de tintas pigmentadas, de alta productividad, y con posibilidades de impresión directa a doble cara. Lo que abre nuevas e interesantes posibiliaddes en los mercados en expansión de los fotolibros y álbumes digitales, que pueden ser montados “in situ” y en pocos minutos, sin necesidad de externalizar la producción; obteniendo, por lo tanto, mayores rendimientos netos a la producción.

Aún pasará un tiempo hasta que la película desaparezca del todo, aún se mantendrá un tiempo, posiblemente bastante largo, la impresión en papel fotoquímico (que conserva todavía un buen puñado de virtudes, que la siguen haciendo interesante en algunas circunstancias, además de que hay muuchos equipos en funcionamiento). Pero igual que a principios de la década, se dió el paso hacia la digitalización de las cámaras, que hoy es prácticamente universal, ahora se ha dado el paso hacia el abandono del soporte fotoquímico en la impresión… coincidiendo con el fin de la década.

¡Felices años ‘10!


Geoposicionando imágenes con una Nikon… sin hacer lo que dice Nikon.

7 Septiembre 2009

Es algo que está muy de moda actualmente. Normalmente no hago mucho caso de las modas, pero para lo que hacemos en Candiles y Barrenos, el tener las fotos geolocalizadas nos puede venir de perlas.

Así pues, me puse a dar con un modo de geoposcionar las imágenes que tomo en nuestras salidas minero/montañeras. Sony optó para su sistema por un método muy inteligente: un GPS externo a la cámara y sin conexión con ésta que va grabando de manera autónoma el track del recorrido hecho y, posteriormente, se sincronizan los datos grabados con los datos de las fotos. Nikon, por contra, fue la primera en ofrecer la posibilidad de incorporar datos GPS a las imágenes, ya en tiempos de la D1, pero incluso ahora esto requiere llevar unos receptores de modelos específicos (y caros, por cierto) permanentemente conectados a la cámara mientras se hacen las fotos. Algo que, desde luego, no me parecía una solución viable.

La primera opción fue la aplicación que uso para salidas deportivas: el Nokia Sportstracker para symbian. Efectivamente, tiene la capacidad de grabar rutas pero, para mi sorpresa, me he encontrado con que no guarda información de hora en ellas, de ningún tipo. O al menos, no la guarda en un formato que sea capaz de usar para sincronizar con las fotos depués.

Fran, usa en su móvil Windows el CompeGPS, como para Symbian no existe, acabé dando con el SmartCompNav, una interesante aplicación que graba automáticamente los tracks en formato .plt y, de paso, permite cargar imágenes georeferenciadas para navegar sobre ellas, y guardar “waypoints”. Lo cual tiene una aplicación clara, ya que nos permite cargar en el móvil imágenes obtenidas del Sigpac que nos dan clara referencia de donde nos encontramos aunque estemos en mitad del monte. Y, de paso, al ir guardando la ruta, luego podemos sincronizar esos datos en las imágenes que vamos haciendo.

En mi caso lo estoy intentado con GeoSetter, un interesante software libre que lee RAWs en diversos formatos -incluyendo NEF y DNG- además de los JPG, y permite sincronizar las fotos con los datos del track, geolocalizandolas, además de añadir datos fiables obtenidos de web a partir de las coordenadas del GPS, como por ejemplo, la altura real, siempre más fiable que la que nos da el receptor.

Por el momento, progreso adecuadamente, aunque aún no consigo que el programa me posicione todas las imágenes de una salida, posiblemente tengo que ajustar las opciones del navegador en el móvil para que haga la grabación de posición a intervalos más cortos, que me posibiliten una mejor sincronización de las imágenes.

Por el momento, de muestra un botón, esta imagen la tomé el sábado, mientras tomábamos un camino que tomé hace años con Javi, para bajar de la Collada de la Mata. En una ocasión anterior habíamos fallado en encontar el camino, muy modificado tras los trabajos que siguieron a un incendio en la zona. Ahora lo encontramos sin excesiva dificultad gracias a disponer de la imagen del GPS.ç

Los datos GPS deberían ir embebidos en el EXIF (y lo estarán cuando aloje la imagen en mi servidor, porque esto se ha cargado el EXIF).


Buenos cacharros olvidados.

3 Abril 2009

En algunas webs se refieren a ellos como “sleeper lens”; son objetivos de buena calidad, que se vendieron durante poco tiempo o que no son demasiado conocidos a estas alturas por estar descatalogados, pero que dan un rendimiento que los hace recomendables en un momento dado. Ojo, no siempre son excepcionales o comparables a lo que un objetivo de gama alta actual, pero su rendimiento y calidad de construcción suele estar de la mitad hacia arriba en la escala digamos.

Los hay de todas las marcas, incluso las casas independientes de lentes tienen alguno en su catálogo. Algunos están viviendo una segunda juventud después de los lanzamientos de las D3, D3x y D700 por parte de Nikon y de la A900 por parte de Sony, con sensores de formato 135.

Puede salirme un post bastante largo, entre otras cosas porque me voy a basar en ocasiones en opiniones subjetivas o en lo que hice en su día con cámaras de película. También es posible que el post vaya creciendo con añadidos posteriores a la fecha en la que lo publique, no obstante intentaré ser lo más riguroso que me sea posible. Recalco que no se trata de anotar los objetivos con mejor rendimiento de cada sistema, sino aquellos que ofreciendo una buena calidad precio/prestaciones/calidad suelen pasar relativamente desapercibidos.

Canon EOS

El sistema EOS, como el Alpha, data de mediados de los años ‘80, cuando Canon y Minolta cambiaron sus monturas para sus nuevas cámaras autofocus. No tiene, por tanto, objetivos antiguos de la época de las cámaras de enfoque manual, pero sí algunos buenos objetivos aparecidos en los primeros años del sistema que se suelen ver poco hoy en día.

Canon EF 50mm f:1.8 (primera versión): La versión actual de este objetivo es una de las más recomendadas en casi cualquier foro o web; se menciona poco la primera versión, ópticamente igual de buena que la moderna, pero mucho mejor construída. Tiene bayoneta metálica y escala de distancias de enfoque. Se ve de segunda mano y muchas veces a precios superiores a los de la versión actual, nueva. Muy recomendable.

Canon EF 50mm f:1.0 L USM: Canon tuvo en catálogo un 50mm ultraluminoso anterior al actual f:1.2L, y como se vé, aún más luminoso. Creo que conozco a uno que dice que su primo tiene un amigo cuyo vecino, una vez, vió uno en persona.

Canon EF 85mm f:1.2 L USM
: Cuando se presentó la versión renovada hace unos años, en algunas webs ni se acordaban de la versión original. No tiene FT/M y el enfoque manual es “by wire”, sin anillo de enfoque mecánico.

Canon EF 100mm f:2.0 USM: Se mencionan a menudo el 85mm f:1.8 y el 135mm f:2.0L pero se suele pasar por alto esta joya: luminoso, compacto y con una calidad impresionante. Me resulta curioso comprobar como los 100mm no macro pasan desapercibidos en favor de los macro que son más incómdos de utilizar para aplicaciones generales fuera de la fotografía de aproximación y que son más voluminosos, menos luminosos y no necesariamente más baratos.

Canon EF 20-35mm f:3.5-4.5 USM: En su día la versión económica de zoom gran angular en la marca. Antes de la llegada de los 17-35, lo habitual era verlos en este rango. Buena óptica, construcción en par con los objetivos de gama media de la marca.

Canon EF 20-35mm f:2.8 L: Zoom gran angular profesinoal de la primera época. Serie L, poco más hace falta decir; curiosamente no es USM y tampoco tiene enfoque manual permanente. Si puedes vivir con un 20mm como extremo angular es de lo más recomendable si lo encuentras.

Canon EF 24-85mm f:3.5-4.5 USM: últimamente parece que no interesan los zooms de gama media. Vemos gente que pasa de los plasticosos zooms de kit, directamente a cosas como el 24-70 L habiendo olvidado alternativas más económicas, con algo más de rango y que pueden ofrecer rendimientos aceptables. Éste fue un zoom bastante popular en su época junto con el 28-105 que veremos a continuación. No tiene un rendimiento estelar, especialmente en su extremo más angular; pero su compacidad y rango lo hacen atractivo para esas ocasiones en las que se quiere ir ligero; ofrece un rango muy adecuado en una cámara de sensor grande para fotografía de reportaje.

Canon EF 28-80mm f:2.8-4 L USM: Un gran olvidado, fue el primer zoom estándar de la serie L, destinado a uso profesional. No tan bueno como sus sucesores pero digno de la L que porta; curiosamente no tiene f: constante, siendo si no me equivoco el único objetivo de la serie L con esa característica. Es USM, pero no FT-M, de hecho su enfoque maunal es asistido: “focus by wire”, el anillo de enfoque no es mecánico sino que es un dial electrónico que actúa sobre el motor en el modo de enfoque manual.

Canon EF 28-105mm f:3.5-4.5 USM
: Hermano del 24-85, ofrece un rango algo más desplazado hacia el lado teleobjetivo; igualmente recomendable y con un rendimiento posiblemente algo más elevado. Existen dos versiones del mismo, pero desconozco si existen diferencias entre ellas.

Canon EF 50-200mm f:3.5-4.5 L: Excelente zoom poco recordado y raro de ver, fue en su día lo que hoy sería el 70-200mm f:4 L, la alternativa menos luminosa al 80-200mm f:2.8. No es USM y el micromotor hace que tenga un AF algo lento y ruidoso. Existió una versión similar pero fuera de la serie L, mucho peor que ésta.

Canon EF 70-210mm f:4 y EF 70-210mm f:3.5-4.5 USM: Alternativas económicas al 70-200mm f:2.8 hasta la llegada de su versión f:4 dentro de la serie L. Con un redimiento bastante inferior al del modelo actual, de ambos es más recomendable el más moderno, de diafragma máximo variable y USM.

http://www.canon.com/camera-museum/camera/lens/ef/data/telephoto_zoom/ef_100~300_56l.html: Antencesor del 100-400 IS actual; sale bastante perjudicado por el uso de micro-motor en lugar de USM, enfoque lento y ruiodoso pero calidad óptica alta. No confundir con la versión no L de misma focal y luminosidad.

Se agradecerá cualquier comentario al respecto.

Proximamente: Minolta


Anuncio de un amigo, material para tienda

29 Enero 2009

No es mi idea usar esto para vender nada, pero un buen amigo tiene necesidad de vender un puñado de cosas destinadas a tienda fotográfica, todas en muy buen estado:

-Equipo fotocarnet Mitshubishi con impresora cp9550
-2 Mostradores para DLab
-1 Minilab DLAB1.

Si alguien estuviera interesado que me mande un mail para ponerle en contacto con mi amigo.

Gracias.


El otro fin de la fotografía tradicional.

5 Enero 2009

Pocos nos esperábamos, hace unos 7 años ahora, que la explosión del mercado digital fuera a ser tan rápida como luego fue. En realidad hasta las más optimistas previsiones auguraban una sustitución de los materiales tradicionales mucho más relajada y gradual; tanto es así que los principales fabricantes de cámaras literamente “se comieron” los últimos lanzamientos de equipos para película, especialmente en cuanto a compactas, pero también en gran medida en los segmentos bajos del mercado de las réflex. Y eso cuando aún faltaban muchos años para que este mercado, el de las cámaras réflex, tuviera la misma segmentación en el mundo digital que tenía en el de la película. Algo que sólo sucedió hace un par de años o poco más.

Esta explosión, como casi siempre que hay un gran cambio en un mercado, se llevó por delante muchas cosas, entre otras cosas el negocio del revelado de carretes que, hoy en día, es algo púramente residual. Yo recuerdo cuando tenía 5 o 6 tipos de película en la tienda ocupando unas cuantas estanterías… y ahora con tener 10-12 rollos de iso 200 voy cubierto para una temporada muy larga.

Sin embargo, una parte en la que el material tradicional, esto es basado en haluros de plata y revelado químico, ha aguantado muy bien hasta ahora: el del papel a color. Y esto es porque seguía siendo una alternativa real para seguir obteniendo impresiones fotográficas dignas de tal nombre, durables, de calidad y a buen precio. Esto se consigue gracias a los minilabs digitales: enormes equipos que, normalmente, basandose en el laser, exponen con precisión sobre papel foto-químico, nuestras imágenes digitales y luego se encargan de su revelado.

Sin embargo este mercado también está a punto de caer. Y posiblemente lo hayan matado los propios fabricantes de minilabs; ya que son máquinas treméndamente caras y muy difíciles de amortizar salvo que se tenga un volumen de trabajo enorme. Algo de lo que muy pocos profesionales de la fotografía pueden presumir hoy en día si nos ceñimos al mercado de aficionado. Y es que, un equipo de 30 o 40 mil euros, que te permite obtener impresiones en unos tamaños de papel bastante limitados (hasta 20×30 cm en los casos “económicos” y gracias), con el que estás expuesto a carísimas averías -entre piezas y horas de técnico cobradas a precio de oro-, con un consumo de electricidad de todo menos bajo, y con consumibles de caducidad bastante corta, especialmente válido para los químicos… es algo que pocas tiendas se pueden permitir a no ser que su volumen de revelados sea muy muy alto. Eso por no mencionar que requieren atención constante y que necesitan de personal que, por lo menos, sepa un poco de qué va el tema.

Esto ha hecho que paulatinamente, el mercado de impresiones en papel, haya ido aproximándose cada vez más al mundo de la impresión basada en tinta. Y en los últimos tiempos la cosa se empieza a precipitar:

-Por un lado las impresoras fotográficas profesionales han bajado tremendamente de precio, tanto de los propios equipos como de las tintas. Esto es válido tanto para las basadas en inyección de tinta, como para las basadas en sublimación. Los equipos son asequibles en tanto en cuanto son inversiones razonables amortizables en un tiempo corto de trabajo.

-Por otro lado la calidad de las impresiones ha crecido hasta igualar o superar las ofrecidas por las printers químicas, con equipos mucho más sencillos, menos voluminosos, menos propensos a averías y mucho más versátiles, pues se abre un abanico de posibilidades en cuanto a materiales y tipos de papel, sin más inversión que la del consumible en sí.

Y ojo, que no estoy hablando aquí de las impresoras fotográficas domésticas, basadas en tintas coloreadas; sino en las impresoras profesionales de sublimación y de inyección de tinta basadas en tintas pigmentadas. Que no son nuevas, ni mucho menos, pero que sí han mejorado sustancialmente en los últimos tiempos.

Así, nos encontramos con una migración general hacia las impresoras de gran formato basdas en entre 10 y 14 tintas pigmentadas, con una reproducción fotográfica equivalente o superior a la que se obtiene con las buenas printers foto-químicas, a menor coste. Esto es algo que cualquiera que visitase el último Fotoventas Digital pudo comprobar en persona: masiva presencia de plotters de Epson, Hp y Canon… y casi nula de equipos “tradicionales”.

¿Es el final de la fotografía tal y como la concebimos siempre? Pues si no ha muerto ya… muy poco le queda. Y entonces habrá caído el último bastión que le quedaba al material foto-químico.


Qué equipo utilizo.

4 Septiembre 2008

Desde que empecé con esto del blog hace ya unos cuantos años, me marqué como objetivo prescindir en lo posible de los comentarios y valoraciones sobre equipo fotográfico. En concreto, lo que quería evitar era el caer en las, tan clásicas, valoraciones sobre si esta cámara es mejor o sobre si “hace mejores fotos”. Y más o menos creo que lo he ido manteniendo hasta hoy: algún comentario sobre equipo hay, pero no es que sea lo más habitual ni que me dedique a valorar cámaras recien presentadas y que no he tenido en mis manos…

De todas formas, de vez en cuando, me llega algún mail de gente que se pasa por el blog y me pregunta sobre el equipo que he usado para hacer tal o cual foto. La verdad es que me suele sorprender bastante porque ni hay muchas fotos publicadas -otros compañeros de profesión publican casi frenéticamente en los suyos- ni las que hay creo que sean especialmente espectaculares como para llamar demasiado la atención. Pero bueno.

Como tampoco creo que haya nada de malo en contestar esas preguntas, he pensado en hacer un post sobre esto. Así que contaré aquí qué es lo que utilizo y para qué, pero dejando dos cosas claras: me voy a referir únicamente al uso tanto aficionado como profesional y, sobre todo, algo que tiene que quedar muy claro: el equipo no hace las fotos, las hace el fotógrafo; una cámara nueva no va a mejorar tus fotos, y un objetivo sólo lo va a hacer en la medida en que puedas sacarle provecho.

Así pues vamos al lío.

En digital uso:

-Olympus mju:300D: una vetusta compacta que sigue dando guerra aunque tiene muchas batallas encima y ya tiene algunos achaques (no enfoca si uso el tele, por ejemplo). Pero aún cumple cuando se trata de ir poco cargado en algún viaje o excursión… y como todas las mju ¡¡tiene sellado ambiental!!

-Olympus E-1: Una cámara muy infravalorada en su día por la prensa y webs especializadas, con una construcción equivalente o superior a las cámaras de Nikon y Canon del segmento superior en su época y muchas prestaciones que no igualaban las cámaras dfe su precio, por no mencionar su increible ergonomía y su sellado ambiental… Tiene ya unos cuantos miles de fotos encima y ¿a que no adivinais qué es lo que no he tenido que hacer nunca? Pues sí, nunca jamás he tenido que limpiar el sensor.

A la E-1 le acompañan 2 objetivos:

-Zuiko Digital 14-54mm f:2.8-3.5: Simplemente acojonante, el mejor zoom trans-estándar que he manejado en mi vida.

-Zuiko Digital 40-150mm f:3.5-4.5: Un buen complemento en el lado teleobjetivo al anterior, teneiendo en cuenta que necesito esas focales mucho menos que las anteriores. Buena calidad, bastante luminoso y bastante compacto; tiene sus pegas, no es tan bueno ni está tan bien hecho como el 50-200mm f:2.8-3.5 Pero costaba mucho menos y cumple de sobra. Precisamente, el poco espacio en calidad que les separaba fue, muy posiblemente, la razón por la que su sucesor es menos luminoso y está peor construído.

-Nikon D80: Mi última adquisición que me devuelve al “mundo Nikon”; buena cámara del segmento medio, que cumple bien como complemento de la E-1; me sirve para muchos trabajos (en reportaje social cumple más que de sobra) y, junto con la empuñadura vertical de Ansmann me permite despreocuparme de las baterías por mucho tiempo: la última recarga me duró más de 3000 disparos, muchos con el flash integrado. ¿Por qué no una D200 o una D300? Porque no me parecía justificable el sobre-coste para el uso que le iba a dar.

Con montura Nikon tenía varios objetivos de los tiempos de la película, que son los que he estado usando hasta hace no mucho en la D80 y, algunos, en la E-1 gracias al adaptador de montura. Hace poco he renovado ligeramente el parque y ahora, sobre todo, uso:

Sigma 18-50mm f:2.8 EX Macro: Buen objetivo, muy luminoso y con una distancia mínima de enfoque bastante corta; no llega a la calidad del 14-54 de Olympus, ni me gusta tanto su rango focal… pero es un digno objetivo estándar en el que se puede confiar para trabajar y que no pesa ni ocupa mucho cuando se trata de llevar la cámara “de cachondeo”.

AF-Nikkor 28-85mm f:3.5-4.5: Un objetivo de las primeras gamas AF de Nikon, que lleva con nosotros desde que comprara mi padre la F4 hace ya muchas lunas; su focal equivalente en la D80 (42-128mm) lo hace muy útil como objetivo principal para reportaje social durante las celebraciones.

Sigma 180mm f:3.5 EX APO MACRO: Excelente teleobjetivo macro, que sigue siendo totalmente válido en las cámaras con sensor pequeño, tanto como teleobjetivo “normal” como en su vertiente de objetivo macro. La pena es que pesa bastante.

Vivitar 17mm f:3.5: Un viejo objetivo de enfoque manual y montura AI que compré hace muchos años junto con una F801s; está bastante castigado, pero sigue cumpliendo, ahora como angular más moderado (25mm) y sin activar el fotómetro, no lo uso demasiado, pero ahí lo tengo cuando me hace falta.

AF-Nikkor 50mm f:1.8: La segunda versión, fabricado en japón; no hay mucho que decir sobre esta joya que no se haya dicho ya; aunque la verdad es que en la D80 a penas lo uso, un 75mm equivalente y fijo no tiene mucha utilidad para las fotos que hago.

Y cuando tengo y quiero usar película:

Nikon FM2+MD12: Sigue siendo una auténtica gozada hacer fotos con esta cámara; tanto que cuando me la compré no volví a usar para nada que no fuera trabajar las F4 y F5. La uso con los objetivos que tengo para Nikon y que antes comenté, sobre todo el 50mm y el 17mm (que aquí demuestra toda su magia).

Zenza Bronica ETRSi: Una mala inversión, comprada ya en la época de transición entre la película y el digital, la verdad es que no la usamos en demasiados trabajos de los que hicimos, ahora sólo la uso yo y muy de vez en cuando; entre otras cosas porque ya no tengo especio para montar el laboratorio de b/n. Espero recuperarla en breve junto con el uso del laboratorio. Es una auténtica gozada hacer blanco y negro en formato medio. Tengo los “3 clásicos” para ella: 50mm f:2.8, 75mm f:2.8 y 150mm f:3.5, todos PE, excelentes cristales para una excelente cámara.

Y esto es lo que uso; tengo alguna cosilla más por ahí perdida, que ya a penas se usa por diferentes motivos y he tenido la enorme fortuna de haber utilizado en diferentes épocas de mi vida material de lo más diverso y de las marcas más variadas… pero mis fotos no han mejorado por ello, la verdad. Esto es lo que uso en la actualidad y por los motivos que comento.


Mercado fotográfico, joyas perdidas y evoluciones peculiares.

14 Agosto 2008

Mediado el verano de 2008 y con posibles novedades, algunas supongo que sorprendentes y otras ya vislumbradas, en el mercado fotográfico me he puesto a pensar un poco en cómo ha ido evolucionando el mercado y en el sentido de dicha evolución. En particular pensando en eso de que “se vende lo que la gente quiere” que tantas veces se suele leer y en si los fabricantes, de verdad, han seguido el camino que les hemos marcado o sólo el que le ha marcado un cierto sector muy concreto de consumidores de fotografía. También me he acordado de ciertas cosas que teníamos disponibles hace unos años y que ahora no hay manera de conseguir.

Porque se supone que ocurre eso: si algo no se vende se deja de hacer y si se vende mucho es hacia donde tiende el mercado. Me acuerdo ahora, por ejemplo, de lo criticada que fue (entre otras cosas de esa cámara) la empuñadura vertical HLD-2 de la Olympus E-1 que, a pesar de estar fenomenalmente reselta en cuanto a ergonomía y calidad de consutrucción, tiene el “defecto” de usar una batería diferente a la que usa el cuerpo sin dicha batería; poco importa que usando esa batería de altísima potencia y que se carga en muy poco tiempo la autonomía de la cámara se multiplique bastante más allá de la que se tendría con 2 baterías “normales” o que el proceso de cambio de la misma sea mucho más rápido que en una empuñadura “normal” porque se cambia desde el lado no desde atrás: fue criticada sin piedad porque, claro, obligaba a tener 2 tipos de baterías diferentes (yo tengo 2 de cada y no creo que me vayan a producir una lesión de espalda, la verdad). Así que la de la E-3 es una empuñadura convencional de carga trasera, mucho menos ergonómica y peor resuelta… pero que ya usa las mismas baterías, claro. Curiosamente, la empuñadura de Nikon MB-D10 para la D300 y D700 recurre ahora a la carga lateral y al uso opcional de las baterías de la D3…

Y como yo cada vez entiendo menos de todas estas cosas me acuerdo de que ya no tenemos disponibles, por ejemplo, joyas de objetivos como:

De Sigma:

300mm f:4 Apo Macro
400mm f:5.6 Apo Macro
Nunca se llegaron a actualizar a HSM para monturas diferentes de Canon, excelentes teleobjetivos, comparables a los de las primeras marcas, a un precio inferior… y que se debían de vender muy mal, pero ahora por ellos hay hostias en eBay, superando de segunda mano el precio que tenían de venta nuevos.

De Tamron:

400mm f:4 LD(IF)
Excelente teleobjetivo, servido en color verde y con un TC 1.4x dedicado; lanzado junto con un 300mm f:2.8 y un 180mm f:2.5 igualmente excelentes; de todos sólo el 300mm f:2.8 se lanzó en versión AF. No se actualizó el que, posiblemente, sea el mejor objetivo en relación precio/calidad/tamaño/luminosidad para fotografía de fauna que haya existido jamás junto con el 400mm f:4.5 de Minolta. También cuesta verlo de segunda mano y, muchas veces por encima de su precio de venta original.

De Tokina:

300mm f:4
400mm f:5.6

Exactamente el mismo caso que en los Sigma; se ven poquito en el mercado de segunda mano por la sencilla razón de que sus dueños no se deshacen de ellos.

Y hay más casos que iré poniendo según vaya recordando (y añadiré enlaces a los que ya he puesto)… pero claro lo que la gente quiere son zooms… ¿de verdad? ¿la gente quiere zooms o los fabricantes quieren vendernos zooms de calidad mediocre y a precio de oro basándose en su “versatilidad”?

Yo cada día tengo más dudas al respecto.


La (rápida) evolución en los soportes extraibles.

11 Mayo 2008

Como ya he comentado otras veces, y como muchas otras personas de mi generación, mi primer encuentro con la informática fue gracias a un Sinclair ZX Spectrum (de los del teclado de goma, encima) que me legó un primo mío allá por 1987, porque él se había comprado un Commodore 64. No mucho tiempo más tarde tuve mis primeras experiencias con todo un señor PC, en concreto un 8088 con 256Ks de RAM, que pronto dió paso, en el aula donde aprendía, durante el verano, a unos flamantes Amstrad PC 1512, que ya eran “potentes” máquinas con procesadores 8086 a 8 MHz, 512 Ks de RAM y gráficas CGA capaces de mostrar la increible cantidad de 4 colores a la vez… pero que por lo menos tenían modo gráfico (del que el primer PC que comenté carecía por completo). Por supuesto nada de discos duros, sólo diskettes de 5.25″ y 360Ks por disco.

De esto hace como 20 años, que puede ser mucho tiempo, pero en realidad, en términos de percepción y a escala humana, es antes de ayer. Éste es el motivo de este post, donde recopilo algunas de las formas más comunes de soportes de almacenamiento “removible”, que se han considerado alguna vez como estándar. Ahora que el equipo en el que escribo estas líneas tiene casi un Terabyte de capacidad de disco duro y 8 Gigas de RAM (por cierto, señores creativos de los anuncios de LiDL y Mediamarkt, “Giga”, en castellano, se pronuncia /Jiga/ como en la palabra “gigante”, no /yiga/ como hacen en sus anuncios; y, más en general, son “muchos Gigas”, no “muchas Gigas”). Capacidades que muchas veces pienso que me parecían inalcanzables en los tiempos en los que mi disco duro tenía 40MB y se hablaba en la prensa especializada de que no mucho más adelante tendríamos discos duros de 1GB…

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Lo primero que aparece en la imagen es un vetusto disco de 5,25″, que como ya he comentado, tenía la increible capacidad de 360 Ks… y ahí entraba todo el MS-DOS 3.20, y casi cualquier programa de los que se usaban en aquellos primeros PCs “domésticos”; pero donde ahora a duras penas meteríamos una foto jpg de resolución baja (la que ilustra el post pesa casi 300ks). Pronto les dió el relevo su hermano de 3,5″, yo manejé durante mucho tiempo aún los de Doble Densidad, que tenían el doble de capacidad que los de 5,25″ homónimos, es decir, 720Ks, también conocí muchos ordenadores que no aceptaban discos de 3.5″ de Alta Densidad, como el que aparece en la imagen y, durante la época en la que casi era la única manera de transportar datos de un sitio para otro, los discos de Alta Densidad costaban 2 o 3 veces más caros que los de Doble, así que muchos de los que contábamos con unidades de Alta, sometíamos a los discos de Doble al taladrado para hacer el agujero en la parte inferior derecha del disco, que servía para que las unidades los distinguieran; así, a la larga, se producían errores en los discos… pero teniendo en cuenta que te ahorrabas una pasta, para todo lo que no fuera necesario mantener en el tiempo, merecía la pena. Los discos de Alta Densidad son los que han llegado casi a nuestros días (aún se usan de forma testimonial), con 1,44 MB de capacidad.

Lo que aparece debajo lo identificamos rápidamente: el CD-ROM supuso una auténtica revolución en el almacenamiento extraíble; en una época en la que muchos ordenadores no tenían discos duros de más de 210 MB y en la que muchos íbamos de acá para allá cargados con cajas de discos de 3.5″ (seguro que muchos se ven ahora mismo a ellos mismos cargando 40 o 50 discos de acá para allá); cuando era evidente que el diskette de 3.5″ se estaba empezando a quedar pequeño; de golpe aparece un soporte que, aunque no permite ser grabado en los primeros momentos, tiene 650MB de capacidad. Pronto empezaron a bajar los precios de las grabadoras, lo que supuso otra pequeña revolución; en los tiempos en los que las grabadoras eran de 2x o de 4x (media hora y un cuarto de hora de grabación por disco) y los CD-R costaban en torno a las 700 pesetas la unidad (4,20€/unidad) se empezaban a vender ya como rosquillas: por fin teníamos un medio de almacenamiento en el que poder transportar cantidades grandes de datos. En esta época los Discos Duros empezaban a llegar al Giga y pronto serían comunes los de 8 GB. Los CD’s no eran el mejor formato, pero los intereses industriales lo impusieron como estandar doméstico y el resto es historia. Otro gallo nos hubiera cantado si hubiesen triunfado los discos Magneto-Ópticos, que tenían más o menos el tamaño de un disco de 3,5″ pero llegaban a la capacidad de un CD (740MB) en aquellos momentos, pero los fabricantes propietarios del formato tuvieron poca vista.

Lo de los DVD’s es historia reciente, el éxito del formato, que ofrece como sabemos 4 GB de capacidad por disco, estaba cantado casi desde el principio; se han convertido en el medio de almacenamiento estandar, el que todos usábamos, junto con los CD’s para transportar grandes cantidades de datos hasta hace muy poco… porque en la actualidad, el verdadero sustituto del diskette, el formato que se puede considerar su heredero, es el que aparece a la derecha de la imagen y cuyo éxito ha venido de la mano de la fotografía digital: la memoria flash.

En la foto he puesto 3 fotos de tarjetas CompactFlash, para ilustrar su evolución; la primera me vino con la primera cámara digital que tuve, y es de 16MB; debajo tiene un Microdrive, de 1GB, en formato CompactFlash tipo II, que contiene un pequeñó disco duro dentro y que fue durante una buena temporada la única manera de tener tarjetas de alta capacidad a precios razonables. Debajo está una tarjeta “Extreme III” de 2GB, un formato común (incluso de hasta 16GB) entre los profesionales de la imagen digital, tipo I y de alta velocidad. Yo tengo, y uso, varias “Ultra II” de 1GB, la primera me costó más de 100€… la semana pasada he pedido una para un cliente; misma marca y modelo (Sandisk Ultra II de 1GB) y me ha costado 17€, casi 10 veces menos.

Aunque el formato CompactFlash es el mejor con diferencia entre las tarjetas de memoria, al llevar cada tarjeta su propia controladora y, por tanto, ser los problemas de compatibilidad y velocidad entre diferentes dispositivos prácticamente inexsitentes, además de tener un tamaño que las hace muy manejables sin dejar de ser compactas. El formato que se está imponiendo en dispositivos de pequeño tamaño, y no sólo cámaras de fotos, es el SD que aparece al lado: nació como sustituto de las primitivas SmartMedia, son más pequeñas y finas que las CF, pero no llevan su propio controlador, por lo que dan algún problema más (¿verdad Fran?) y ahora están en las PDA’s en casi todos los portátiles nuevos, en los portátiles ultra-compactos (como mi EEE-PC) incluso en los autorradios; si excluímos a las llamadas “llaves USB” es el formato de memoria flash más extendido… aunque no sea el mejor. Hasta el punto de que ha evolucionado para darnos lo que aparece debajo; ése diminuto trozo de plástico que contiene en su interior una memoria flash de 1GB de capacidad ,y que no es otra cosa que una tarjeta MicroSD, la que uso en mi teléfono móvil.

Ahora comparemos el tamaño de la micro SD de 1GB (y las de 2GB no son raras) y comparémoslo con el del disco de 5,25″ del principio, ése que muchos manejamos… pensemos en lo que supondría 1GB en discos de 5,25″ (sino he calculado mal, casi 3000 discos)…. ¿somos viejos de cojones, no?


El momento del cambio…

27 Febrero 2008

Ha llegado la hora de actualizar material informático. Llevo mucho tiempo trabajando con unos equipos bastante antiguos (en términos informáticos, claro) que siguen dando el callo a fuerza de paciencia y de mantenimiento -y gracias a aportaciones de los colegas en algunas ocasiones-. El caso es que esto empieza a no dar más de sí y tengo que ir pensando en renovar.

Cuando tenga todo más avanzado pondré por aquí lo que voy a poner nuevo por si alguien quiere hacer algún comentario al respecto, que nunca estarán de más.

De paso esta renovación va a servir para realizar un test en serio de lo que puede ofrecer Linux en el mundo de la imagen. Ya que voy a tener que estar un tiempo parado para realizar el cambio voy a ver si la nueva versión de El Gimp me permite funcionar en condiciones pese a sus defectos evidentes… y también quiero probar Cinelerra como editor de video. Si soluciono los 2 pilares fundamentales de mi trabajo, es muy posible que pueda basar el grueso de mi trabajo en Linux, cosa que me alegraría sobremanera dado que es algo que aún no he podido hacer.

El mayor problema que le veo a El Gimp, a parte de que la interfaz la diseñó alguien con muy mala leche, es que sigue sin soportar más de 8 bits por canal, algo que puede ser un serio inconveniente en algunos trabajos, aunque las posibilidades de revelado del ufRAW lo intentan compensar…

En el tema del video el problema lo veo más por el lado de la autoría del DVD, que veo muy verde en el mundo Linux. El Cinelerra parece que es un programa solvente, aunque tengo que comprobar cómo va a funcionar el proceso completo de captura (y en qué formato la realiza y cuanto ocupa), edición (qué puede hacer en tiempo real y qué no) y exportación…

Posiblemente tenga que resolver alguna compatibilidad de hardware y cosillas de esas… así que en breve iré poniendo posts sobre la nueva “aventura”.

Que Su Espaguetosa Albongosidad me coja confesado.


Mi cámara favorita…

11 Noviembre 2007

Me preguntaba el sábado un lector, por correo electrónico, que cuál era mi cámara favorita… A estas alturas creo que he expuesto en varias ocasiones que el valor que le doy a este tipo de cosas a la hora de valorar mi trabajo o una foto es más bien nulo. Pero cierto es que cuando se lleva un tiempo trabajando en esto, o en este mundo como aficionado, se llega a coger más cariño a ciertas cosas porque, sin que sean en términos absolutos mejores o peores que otras, se adaptan a tus gustos, a tu mano, a tu ojo… o a la forma de trabajo que usas.

En este sentido mi cámara favorita es, precisamente, una que a penas he usado un par de veces en mi vida: La Olympus OM-2sp. Una cámara muy infravalorada en su tiempo pero que tiene las prestaciones justa que a mí me gustan: un buen fotómetro (excelente) un fotómetro puntual vinculado al modo manual; muy buenos objetivos, un excelente visor y un tamaño contenido y manejable.

¿Mi equipo ideal? Pues posiblemente una Olympus OM-2sp con un 35mm f:2.0… y, sí, es de película, pero me da igual.