La cabra tira al monte, o lo que pasa cuando improvisas.

Hace ahora una semana, estaba yo en Santander y, como había que hacer algo para pasar el día, decidimos acercarnos Fran y yo, hasta Mioño con la sana intención de ver de cerca el cargadero de mineral que, antes, se veía desde la carretera Santander-Bilbao y que nunca había podido contemplar más que de pasada.

Esto nos llevó a una interesante excursión que, para no variar, derivó en grutas y galerías con las que no contábamos y que hubo que explorar -creo que cada vez que pasamos cerca de un agujero alguen nos llama desde el interior o algo así, porque si no no se entiende-. Además, de todo esto puede salir un interesante proyecto que estamos empezando a desarrollar.

D�cido 1

El cargadero, declarado Bien de Interés Cultural, es el resto más visible del tremendo pasado minero de la zona y es verdaderamente impresionante en factura y dimensiones; no parece, ni con mucho, tan grande desde lejos como lo es en realidad, en especial el pilar de apoyo. Existen otros cargaderos en la zona, si bien de algunos sólo quedan los apoyos, pero ninguno tiene las dimensiones del de Dícido que, esperemos, se siga conservando muchos años… y empieza a pedir una restauración a gritos.

D�cido 2

En lo púramente fotográfico, la excursión significó mi vuelta por el apasionante mundo de la película y, como cargué con equipo de más, sirvió una vez más para comprobar la enorme diferencia que hay entre usar un objetivo bueno y otro no tan bueno; eso, y que hace mucho tiempo que renunciamos a la calidad, el objetivo bueno es de los años 60.

Datos de las imágenes:

Dícido 1: Nikon F4, Nikkor-S 50mm f:1.4, Kodak T400CN, escaneado a 16 bits lineal. Procesado en Photoshop CS bajo Windows 2000.

Dícido 2: Nikon F4, Vivitar 17mm f:3.5, Kodak T400CN, escaneado a 16 bits lineal. Procesado en Photoshop CS bajo Windows 2000.

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Cuestiones Fotográficas. (Aviso, ladrillo importante)

Se acercan las navidades, periodo consumista donde los haya, y estamos en pleno desarrollo de la feria de fotografía más importante del mundo, la bianual Photokina, donde todos los fabricantes del ramo presentan sus modelos más punteros, sus novedades lanzadas y las que están por venir, así como sus líneas de mercado para el futuro próximo. Como todos los años, en especial los que hay Photokina, por estas fechas se disparan los casos de gente que quiere cambiar de cámara o adquirir una nueva. En esto el mercado no ha cambiado desde hace ya unos 20 años, en pleno boom de la electrónica aplicada a la fotografía; desde entonces ha sido constante la adición de características totalmente superfulas a las cámaras de nueva generación en una especie de carrera de todos los fabricantes por tener la cámara más “cool”. En esta especie de “¿sí? pues la mía más” se nos han quedado un montón de cosas importantes por el camino, entre otras, la calidad de las lentes que acompañan a las cámaras de iniciación.

En los años 70 y primeros 80 lo habitual era, al comprar una cámara, que ésta viniera acompañada de un objetivo de 50mm, normalmente f:1.7 o f:2.0, es decir, muy luminoso; además estos objetivos tenían -y tienen- una calidad óptica realmente alta y son compactos y ligeros, es decir, una pequeña joya. Prácticamente todos los fabricantes los siguen ofreciendo en sus catálogos y suelen tener hoy en día, precios irrisorios comparandolos con el resto de la gama.

Claro que, por aquel entonces, no había casi zooms; cuando éstos se popularizaron, desparecieron los 50mm del “kit” de iniciación, se produjo el primer sacrificio en aras de una supuesta mayor versatilidad, se pasó a montar zooms 35-70mm f:3.5-4.5, bastante menos luminosos, pero aún de una calidad óptica bastante decente y buena calidad mecánica. Sin embargo la industria no se quedó ahí… las cámaras tenían que ser más ligeras y con más “prestaciones”, se comenzó a escatimar en la robustez y calidad de construcción de las cámaras -cuanto más plástico más barata sale la construcción- y comenzamos a ver cámaras de calidad constructiva realmente baja, vendidas a precio de oro, mientras las antiguas eran criticadas por sus “pocas prestaciones”. Por supuesto, los objetivos siguieron el mismo camino; los últimos zooms “de kit” decentes fueron los que llevaban la Nikon F90 y las Pentax MZ-5, un muy buen 28-70mm bastante luminoso en ambos casos (f:3.5-4.5 para el Nikon y f:4 para el Pentax). A partir de ahí empezaron a aparecer zooms 28-80mm y 35-80mm f:4-5.6 o 3.5-5.6 en los que calidad óptica cayó en picado, acompañada de la calidad de construcción que pasó a ser bajísima.

Y así hemos llegado hasta la actualidad, donde sólo una marca ofrece, de momento, objetivos “de kit” de calidad óptica alta, aunque no sean muy luminosos, y todas las marcas tienen cámaras plagadas de prestaciones realmente superfluas (por no decir cosas peores); el caballo de batalla ahora está en el ruido a sensibilidades altas y en los estabilizadores de imagen, seguidos de cerca por el número de puntos del sistema de enfoque. Cuestiones absolutamente ridículas, en cuanto uno se pone a analizarlas medianamente en serio, para la inmensa masa de los usuarios de una cámara de fotos.

¿Ruido a iso 1600? Seamos serios, hace 5 años en los foros todo el mundo andaba como loco detrás de las Fuji Velvia (iso 50) y Provia (iso 100), a penas se usaban las diapositivas de iso 400 y sólo había algunas películas de negativo de iso 800, por no hablar de las de iso 1600 que se podían contar con los dedos de una mano; Fuji aguantó con su Super HG de iso 1600 mientras sacaba las Super G y las Superia del resto de sensibilidades… y en muchas marcas había que buscar con muchas ganas para encontrarlas. Sólo en b/n se veían más o menos a menudo los que usaban isos altas, más como un ejercicio de estilo que como una necesidad real en la mayoría de los casos. Ahora se ha debido de apagar el sol, supongo; eso sin contar con que la mayoría de foteros dudo mucho que sepan sacar partido de condiciones de luz tan paupérrimas en las que se necesite del uso de sensibilidades tan altas (y me incluyo en el grupo) o que se las encuentren con una frecuencia tan alta como para que el rendimiento de la cámara sea realmente importante en esas situaciones.

¿Estabilizador de imagen? Me vale lo mismo dicho para el caso anterior ¿qué utilidad real tiene disparar a pulso a velocidades de 1/15s o de 1/8s? ¿Qué sujetos fotográficos realmente interesantes te puedes encontrar con esas condiciones de luz? porque si se mueven ellos estás jodido, con estabilizador o sin él… y si no se mueven un trípode estabiliza de cojones, y los hay ligeros, pequeños y, sobre todo ¡BARATOS! Desde luego hay sitios donde no se puede usar un trípode, no sé, en un museo por ejemplo… ¿Esa es la utilidad del estabilizador? ¿hacer fotos en un museo?… Lo puedo entender, en cierta medida en el uso de grandes teleobjetivos, pero éstos suelen requerir de por sí, el uso de un trípode robusto y, aún así, tienen unas aplicaciones muy concretas que no entran dentro del ámbito de la mayoría de nosotros. Y si la intención es hacer fotos desde vehículos en movimiento, se han hecho toda la vida, mucho antes de los estabilizadores.

Puntos de enfoque, ¿qué decir que no se haya dicho ya? normalmente se tarda mucho más en elegir un punto de enfoque en concreto que en enfocar con el central y reencuadrar, o enfocar manualmente. Fue una útil incorporación, no digo que no, de hecho, posiblemente la mayor mejora electrónica para la fotografía, pero la carrera y las comparativas desde hace tiempo en número de segmentos y velocidad me parece realmente ridícula.

Para hacer fotos, casi cualquier tipo de foto, a parte de un buen objetivo, sigue haciendo falta lo mismo: una cámara con unas prestaciones básicas y un fotómetro, además de las nociones técnicas necesarias si queremos hacer algo más que apretar el botón. Punto pelota. NO nos hace falta la última cámara del mercado, NINGUNA cámara va a conseguir mejores fotos por nosotros, ninguna prestación nos va a proporcionar fotos que no conseguiríamos de otra manera…

A la hora de comprar una cámara, fíjate en las cosas importantes: que esté bien construida y que sea resistente, que tenga un buen visor (o al menos que no tenga uno horriblemente malo) y luego compra los mejores objetivos que te permita tu presupuesto… y a sacarle jugo. Sólo para cosas muy concretas se necesitan accesorios especiales y prestaciones especiales.

Igual, algún día, alguien se da cuenta.

Lavado de cara.

Va para un año que empecé con esto del blog. Primero en los infames MSN-Spaces, casi simultaneamente en La Coctelera y, al poco tiempo, aprovechando que se abrió el registro, aquí, en wordpress. Tras un breve periodo en el que mantuve mi blog en mi propio servidor, tuve que volver a usar el espacio que me proveía WordPress, así que perdí gran parte de las funcionalidades que tenía cuando lo manteía yo, entre otras, el haber traducido totalmente el tema y haberle personalizado la imagen de la cabecera.

Tras semanas de dura pelea, he conseguido, por fin, que el sistema entienda que quiero poner las cosas en cristiano, y, de paso, he actualizado el tema con uno que me parece más limpio y, además, me permite recuperar la imagen de cabecera que usé en mi servidor: una panorámica de la playa de Covachos, en Cantabria.

Aunque la traducción dista de ser buena y muchas cosas están aún en inglés, pues más vale pájaro en mano que cien cerdos al galope…

Otoñeces.

Y pasó el último fin de semana de verano, y nos acercamos al equinocio de Otoño, y se terminó el buen tiempo (al menos en el norte de España) y ya hay que rescatar ciertas prendas de abrigo porque el jersey no molesta.

Aunque, quizá, a alguno le pueda sorprender, ésta es la época del año en la que más añoro mi tierra. El otoño en Cantabria siempre me pareció precioso, supongo que porque es cuando más espectacular se muestra el clima, con fuertes temporales que levantan muros de agua en las costas, con días ventosos, y con tormentas de las que no pasan desapercibidas.

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Aquí la cosa es más moderada, mucha gente dice -y yo lo comparto- que en León, en realidad, sólo hay dos estaciones que comienzan de forma brusca en los equinocios: verano e invierno. Hay que tener en cuenta que antes de ayer aquí teníamos, a las 10 de la mañana, 8 grados de temperatura, que es menos de lo que habrá la mayoría de los días de invierno en mi tierra (donde no suele bajar de los 11 salvo que entre una ola de frio).

Y como es otoño, pues hay que ir colgando fotos hechas en otoño, esta vez, como las anteriores, tirando de archivo.

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De paso me sirven para darle la razón a un buen amigo y fotógrafo callejero que siempre dice que a mis fotos les falta gente; y la verdad es que sí, no soy demasiado dado al retrato callejero, entre otras cosas porque ni la ciudad ni su población se prestan demasiado a ello, a veces me gustaría vivir en una ciudad más cosmopolita, como Madrid o Barcelona, donde se puede desarrollar de mejor manera esta disciplina fotográfica nada sencilla; por otra parte, estas fotos, hechas con una vieja telemétrica, me sirvieron para darme cuenta de que ése es precisamente el equipo ideal para la fotografía urbana: con una máquina vieja, de aspecto raro y objetivo pequeño, eres invisible, mientras que si vas con la reflex se te ve a distancia lo que estropea el ambiente. Tengo que sacar tiempo para arreglar mi Konica…

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Dando un repaso general al blog y a sus estadísticas me doy cuenta de algo que ya venía observando desde hace años; sólo los post más técnicos, o en los que hablo de una web de fotografía, tienen un número relevante de visitas. Está claro que la fotografía en sí, al menos la mía, no interesa demasiado, pero el cacharreo tecnológico o la polémica están a la orden del día; así nos va. De todas formas, y pese al casi nulo número de comentarios en mis posts, pienso seguir en la misma línea. Gracias a los que leeis mis posts y veis mis fotos. Y más gracias aún a los que comentais los post.

Datos de las imágenes:Konica IIIM, Konica Hexanon 50mm f:1.8, sobre Ilfrod FP4 plus revelado con Kodak HC-110. Escaneado a 16 bits lineal y proceasado en Adobe Photoshop CS bajo Windows 2000.

Cambio de temporada

Se acabó el verano, por si alguno no se había dado cuenta, y como casi todos los años, ha acabado climáticamente de forma brusca una semana antes de terminar astronómicamente.

Aprovechemos pues todo lo que podamos hasta el ridículo cambio de hora del mes que viene, que todavía no sé a quién beneficia, pero al público general desde luego no.

A veces, el mal tiempo, lleva a hacer cosas como éstas:

puerta 2 puerta

Que, también, me han recordado que tengo un post pendiente desde las últimas fotos subidas, sobre cuestiones fotográficas…

Datos de las imágenes: Pentax K1000, SMC-M 50mm f:2.0, sobre Fomapan-100 revelado en HC-110. Escaneado a 16 bits lineal y procesado en Adobe Photoshop CS, bajo Windows 2000.

Fin de semana completo.

Algo ha contado ya Fran en su blog, así que aquí sólo diré que este fin de semana pasado ha sido uno de los más completos de los últimos años. Nos reunimos aquí, en León, ni más ni menos que 5 de nosotros: Fran, Rober, Miguel, Santi y yo mismo y, a parte de las consabidas visitas culturales (lease Valdevimbre, el Húmedo y la Céltica) hicimos un par de salidas la mar de interesantes.

Una es la que menciona Fran en su post, aun auténtica paliza por la montaña y metiéndonos por los agujeros más insospechados en la zona de la collada de Cármenes, que nos dejó a todos para el arrastre y, al menos a mí, con una sonrisa de oreja a oreja porque hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien en una excursión montañera, entre otras cosas porque hacía mucho tiempo que no nos reuníamos tantos para hacer una locura semejante. Con Miguel y Santi en retirada todavía nos quedaron fuerzas para seguir un kilometro y pico una vía verde que arranca en Matallana de Torío antes de regresar a León.

Sin embargo, si este post está en la categoría de “fotografía” es porque de eso va a ir el tema, aunque no lo parezca. El sábado por la tarde, antes de ir a cenar a las cuevas, nos dejamos caer (no sin cierta dificultad) por la laguna de Chozas de Arriba, el mayor humedal del Páramo Leonés (si bien con ayuda del hombre, todo hay que decirlo, ya que es semi-natural).

Por razones que no acabo de explicarme, a veces, en esas visitas cortas y sin planear, me salen mejores fotos de lo que yo mismo me espero. La tarde se puso propicia, atardeciendo, tormenta en el horizonte, un humedal… No son las mejores fotos del mundo, no son mis mejores fotos, pero para estar hechas sin planificación alguna, me gustan.

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Estas fotos y la forma de hacerlas me han hecho reflexionar sobre unas cuestiones púramente fotográficas que, para que esto no quede demasiado pesado, irán en otro post.

Datos de las imágenes: Olympus E-1, Zuiko Digital 14-54mm f:3.5-4.5; procesadas en Adobe Photoshop CS bajo Windows 2000.

Ubuntu. Estamos enajenados.

Hace ya muchos años que tenía ganas de probar Linux, muchos. Empecé a usar un PC con MS-DOS 3.20 y no le tenía miedo a la línea de comandos, antes había usado ordenadores con otros sitemas operativos, como CP/M y mis primeras experiencias en este apasionante mundo de la informática fueron con un Sinclair ZX Spectrum de los de las teclas de goma, con el que aprendí a hacer mis primeros pinitos con el Basic.

Un buen día, después de estar funcionando una temporada con un Pentium 166 de router gracias a una pequeña distribución de Linux y de haber probado durante unos días una Debian instalada en un viejo Pentium 100… me decidí, aprovechando que me tocaba cambiar de HD en el portatil, a instalar la versión 5.04 de Ubuntu.

Dos versiones más tarde, Ubuntu se ha convertido en casi lo único que uso en el portatil y acaba de ser instalado con éxito en el ordenador de sobremesa de mi cuarto. Además he ganado un par de “adeptos a la causa”, como la novia de mi hermano que harta de sufrir las inclemencias de los virus, aceptó a probar Ubuntu en su ordenador… y aquí es donde quiero llegar.

Su ordenador no es precisamente una máquina puntera, lleva un procesador AMD Athon a 700 MHz, tiene 256MB de RAM PC133 y un disco duro normalito de 13 GB, además de una tarjeta gráfica nVidia TNT2 con 32MB de memoria. Tras la instalación y las consabidas pruebas, además de instalarle el MS-Office porque, al parecer, no se apaña con el Open, dejé para el final instalar la aceleración 3D de la tarjeta y el kernel optimizado para K7…

Pues bien señores, una vez realizadas esas operaciones he de decir que ese discreto ordenador vuela. Va a ser utilizado para cosas muy concretas: navegación por internet, uso del office, reproducción multimedia… y poco más y, he de decirlo, para todo eso es mucho, pero mucho mucho, más rápido ahora que cuando tenía un Windows 2000 instalado.

El que tenga ojos, que vea.

Pequeñas grandes cosas.

Como a casi todos los que nos ha dado alguna vez por la fotografía de naturaleza, a mí también me dió una temporada por hacer fotografía de aproximación, lo que se suele conocer como fotografía macro.

Aunque era consciente de que no es una disciplina fácil, como suele pasar, una cosa es que te lo cuenten y otra padecerlo tú mismo. En aquella época no usaba cámara digital y tengo una bonita colección de diapositivas que pudieron ser buenas, pero se quedaron en el intento.

Sin embargo, de vez en cuando, salía alguna que se correspondía con lo que pretendías capturar o alguna otra que, sin ser una gran foto, permite apreciar en grande los detalles de algo que en la naturaleza es bastante diminuto.

flor morada
Es el caso de esta imagen, de una pequeña flor que, en la realidad, tiene unos pocos cm de diámetro… y aparece aquí bastante magnificada. Tuve la enorme suerte de que en ése preciso instante no soplase ni una gota de aire y la imagen quedó nítida.

Datos de la imagen: Nikon F4, AF-Nikkor 50mm f:1.8 invertido y montado en 2 tubos de extensión (51mm aprox en total), sobre Fujichrome Velvia. Escaneado a 16 bits lineal, procesado en Adobe Photoshop CS bajo Windows 2000

Fotos digitales.

Sigo dándole un repaso a mi archivo de diapos en los momentos que tengo libres y, de vez en cuando, descubro cosas de las que ni me acuerdo. Otras veces recuerdo perfectamente la foto pero la tenía almacenada en el cerebro de otra manera, éste es el caso de las 2 que subo ahora; estaba totalmente convencido de que las había hecho hace poco y en soporte digital… y resulta que son de hace 3 años y las hice sobre diapositiva. ¡Cómo pasa el tiempo!.

Algún día, cuando tenga ganas de meterme en camisas de once varas, como sucede de vez en cuando, daré un repaso a ciertas cosas que han cambiado en éste mundo de la fotografía que me han venido a la cabeza mientras escaneaba estas diapos… dado que es un rollo de Velvia, que yo a penas he usado, y aquí es donde viene lo gordo, porque no me gusta -hale, ya lo he dicho-. Después de estar un buen rato corrigiendo el color para que se parezca mínimamente al que tienen la flores en la realidad he conseguido esto.

digital 1 digital 2

Porque resulta que, curiosamente, todas las fotos que he hecho -y que he visto- tomadas sobre Velvia tienen unos colores absolutamente irreales y unas dominantes en sombras y grises increibles; curiosamente esto parece que no lo veía nadie, pero bueno.

Son un par de tomas de una inflorescencia de Digitalis purpurea, una flor silvestre común en el norte de España de la que extrae el Digital, una droga usada para el tratamiento de ciertas afecciones cardiacas… así que son unas fotos bien digitales… aunque se tomasen sobre película.

Datos de la imagen: Nikon F4, Sigma AF 180mm f:3.5 EX APO MACRO, sobre Fujichrome Velvia, escaneada a 16 bits lineal y procesada en Adobe Photoshop CS bajo Windows 2000.

Luneces

Es curioso la cantidad de gente que no mira habitualmente al cielo. Al menos, la cantidad de gente que no se fija habitualmente a lo que pasa sobre sus cabezas. Podeis hacer la prueba, preguntad a unas cuantas personas si la luna se puede ver durante el día… vereis cuantas dicen sin pensarlo que no y cuantas dudan bastante antes de contestar.

Por supuesto la luna no se ve de día… cuando está llena, pero cuando está en cuarto creciente la podemos ver por las tardes y cuando está en cuarto menguante por las mañanas, el brillo de la luna es tal que, auqnue estemos a plena luz del día la luna resulta visible entre el azul del cielo.

Una de las cosas que más me han llamado siempre la atención es el hecho de que la luna nos parezca enorme cuando está baja en el horizonte. Anque nos parezca mentira no hay consenso sobre las razones de este efecto óptico-porque las cámaras de fotos no son “engañadas”-.

Luna
Esto me llevó a hacer el pasado domingo esta foto, en ella aparece la luna con un tamaño bastante aceptable ¿verdad?. Pues está hecha con un objetivo de 150mm de focal, es decir, se registró en el sensor con un tamaño de unos 15mm nada más; eso teniendo en cuenta que me harían falta unos 1000mm de focal para que la luna llenase el encuadre…

Si apareciese la luna sola en el encuadre nos parecería enana, una foto de mucho cielo y una pequeña luna… sin embargo la inclusión de la ladera hace que la luna “crezca” incluso en la imagen… Supongo que son las proporciones las que engañan a nuestro cerebro… que al fin y al cabo es el que tiene que interpretar la imagen.