Ritmos diferentes.

Cuando uno se sumerge en la vorágine digital se acostumbra a tener sus fotos disponibles en el momento de la toma, con lo que cuando se llega al ordenador ya se está listo para hacer lo que se necesite con ellas. Por eso, aunque durante muchos años se haya estado usando película, a veces resulta extraño el no tener las fotos directamente en el momento del disparo.

Mi cámara de formato medio, otrora principal equipo para trabajar, se ha convertido ahora en mi cámara favorita para mis momentos de afición, entre otras cosas porque cuando se es dolorosamente consciente de que cada disparo te está costando dinero, tiendes a estudiar más lo que tienes en el visor antes de apretar el botón de disparo. Pocas veces he estado tan satisfecho con los resultados de un solo carrete como lo estoy con los 15 fotogramas del último, parte de los cuales se muestran en el anterior post. Por supuesto no son 15 obras maestras, ni mucho menos, pero el resultado es considerablemente superior a lo que suele venir comparativamente en una tarjeta de 1GB (96 fotos) cuando salgo con la digital… Ahora lo que tengo es que utilizar el mismo principio de trabajo con la digi: pensar mucho el disparo; porque por mucho que se pretenda lo contrario, el disparo sin coste hace que a todos se nos vuelva muy ligero el dedo índice a la hora de disparar.

Del último fin de semana en mi tierra me volví con 3 grupos de fotos: las del cargadero de Dícido y alrededores, las del cementerio protestante de Cazoña y las tomadas el domingo por la mañana en la dársena de Puerto Chico, aprovechando la pequeña regata en sus proximidades. Aún no he finalizado el rollo donde están la mayor parte de estas fotos, con lo que me había planteado no subir nada hasta finalizarlo. Pero como la última foto del rollo anterior ya pertenece a éstas, voy a colgarla aquí, como anticipo.

Me sirvió este agradable paseo en buena compañía, para comprobar lo ridículo de la obsesión por el rendimiento en las sensibilidades altas de nuestras digitales. Una mañana de domingo de invierno en el norte de España (que no tiene precisamente la misma luz que Malta) puede ser una buena muestra de lo que te puedes encontrar como condiciones “de calle”. Y yo acabé utilizando un polarizador y un filtro de densidad neutra de 2 pasos para poder mantener la velocidad por debajo de 1/500 con diafragmas entre f:5.6 y f:11; ocurriendo que, sin el uso de estos filtros, obtenía más profundidad de campo de la que deseaba. Y en formato medio no es que suela sobrar la profundidad de campo, precisamente. Sensibilidad utilizada: iso 400, saquen sus propias conclusiones.

recogiendo

El único punto negativo, si es que se le puede llamar así, es que constaté que el 150mm, un magnífico objetivo para retrato y otras aplicaciones donde viene bien tener un teleobjetivo no muy largo, se me queda demasiado corto en algunas circunstancias. A ver si puedo adquirir un 200mm cuando me haga mayor. Aunque, primero, tengo que rescatar mi laboratorio de b/n del olvido.

Datos de la imagen: Zenza Bronica ETRSi, Zenzanon PE 150mm f:3.5, filtro polarizador, sobre Kodak Portra BW 400. Escaneado a 8 bits, editado en Photoshop CS bajo Windows 2000.

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4 comentarios sobre “Ritmos diferentes.

  1. Muy buena la foto, pero ¿por qué cortaste el mástil?
    ¿A que equivale aproximadamente el 150mm de la brónica en una cámara de 135mm?
    Saludos

  2. Porque si no corto el mastil tengo que meter en el encuadre cosas que no tenían que estar en él, a veces hay que elegir…

    El 150 en 6×4.5 equivale más o menos a un 85mm en paso universal.

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