Diciendo las cosas claras.

No recuerdo la fecha exacta, pero sí sé que fue hace más tiempo del que me gustaría, como me pasa con muchas cosas de las que ultimamente me hago consciente de pronto; un día, un fin de semana, en mi casa el periódico empezó a venir con un suplemento llamado “El Semanal” en cuyo interior, hacia el principio venía publicada una hoja firmada por D. Arturo Pérez-Reverte y, un par de páginas más alante, otra por parte del D. Javier Marías. Desde entonces he faltado pocas veces a la cita semanal, con el paso del tiempo el señor Marías dejó paso a otros, pero la hoja del señor Pérez-Reverte sigue ocupándome un rato todas las semanas.

La que viene publicada esta semana habla de algo que lleva rondando mucho tiempo por mi cabeza, algo de lo que siempre quiero escribir algo aquí, pero nunca se me ocurre como hacerlo.

Nací y pasé toda mi infancia y mi juventud en Santander, una tierra donde uno es consciente del clima, allí no “hace aire” allí “sopla gallego” o hay “surada”; es una tierra de escrutadores del tiempo, donde sabes aproximadamente lo que te viene o no encima para el día siguiente… y donde se guarda bastante memoria del tiempo pasado. Así, recuerdo perfectamente “El año de la sequía” a pesar de que sólo tenía 12 años (1989) lo mismo que recuerdo muchas fuertes tormentas, algunos otoños de 15 días de lluvias ininterrumpidas, galernas memorables o temporales de viento en los que se movía mi casa. Sin embargo, y pese a que he visto bajar auténticos ríos por las calles de mi barrio, a penas recuerdo destrozos como los que año sí y año también nos aparecen en la tele en ciertas zonas del mediterraneo. Un amigo me dijo un día que lo que pasa es que allí llueve mucho más que en el norte y lo hace todo de golpe… Simplemente no supe qué responderle, cualquiera que viva en mi tierra sabe lo que hay allí y lo que vivimos todos los años. Ojo, que a veces cuando las cosas se salen de madre hay daños, desperfectos e inundaciones, pero generalmente las cosas vuelven a la normalidad en un par de días. ¿Por qué esas diferencias? personalmente creo que porque en mi tierra llevamos conviviendo con el clima generaciones y nadie se llama a engaño. No lo tememos, lo respetamos.

Cuando llevé allí la primera vez a unos amigos de León, les expliqué que si, estando en la playa, nos veían recoger rápido a nosotros y a la mitad de los presentes en la playa… que no se quedasen mirando como la otra mitad, ni hicieran preguntas, que recogiesen y corriesen, que luego verían lo que pasaba. Por fortuna no han vivido nunca una galerna, pero a veces creo que es una experiencia interesante… Hace un par de años viajamos a Murcia, a casa de un amigo, de camino a la Manga del Mar Menor, empezó a llover de forma moderada, tampoco es que estuviese diluviando, pero me sorprendió que la carretera no evacuaba el agua que comenzaba a acumularse peligrosamente; a la mañana siguiente me dí cuenta de la razón: las calles carecían de drenajes, estaban asfaltadas en llano, incluso con forma de artesa (más bajas en el centro que en los bordes) por lo que cualquier lluvia moderada las convertía en ríos… Desde entonces me hago pocas preguntas cuando veo lo que pasa con las “lluvias torrenciales” de “más de 100 litros por metro cuadrado” en esas zonas.

Luego con echarse las manos a la cabeza todo arreglado.

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2 comentarios sobre “Diciendo las cosas claras.

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