Más estupideces creacionistas.

Vuelvo a escribir algo por aquí robando un poco de tiempo a los asuntos que me mantienen ocupado (aunque uno de ellos lo tuve que dejar prematuramente, pero bueno). Y lo vuelvo a hacer motivado por la lectura de este artículo en el blog de D. Javier Armentia. Aunque su artículo es más que completo y acertado me voy a permitir tratar el mismo tema aquí desde otro punto de vista.

El artículo original lo motiva la visualización de un video en YouTube donde un elemento demuestra, ni más ni menos, la existencia de dios, usando un plátano como prueba, a su derecha tiene otro elemento que le ríe las gracias. Aunque los momentos iniciales parecen indicar que estamos ante un vídeo de cachondeo, tristemente el par de 2 lo están exponiendo muy en serio.

En el vídeo que el sr. Armentia enlaza más abajo, se dedican a parodiar de forma muy acertada las estupideces creacionistas vertidas en el primero, en particular el hecho de que el plátano usado para la demostración no es precisamente una variedad silvestre.

Y aquí es donde entro yo, porque no es la primera vez que me encuentro con cosas similares entre los argumentos de estos patrañeros vende humos profesionales: dios existe porque el plátano me entra en la mano, dios existe porque puedo pelar las mandarinas fácilmente y están llenas de alimenticia pulpa carnosa, dios existe porque el trigo y el maíz se desgranan fácilmente para darnos alimento, dios existe porque las ovejas dan lana y las vacas leche… y todos esos “seres inferiores” han sido puestos ahí por él para darnos sustento y alimento porque somos los reyes de la creación… Con dos cojones y un palo.

Lo que ya no tengo muy claro es si se tragan eso que dicen, si saben que es mentira pero siguen vendiéndolo o si, simplemente son así de ignorantes.

Lo cierto es que esos argumentos, lejos de servir para rebatir la validez del Neodarwinismo y la existencia de los mecanismos evolutivos, no hacen sino reafirmarlos punto por punto.

Razonamientos como estos (el plátano me entra en la mano porque lo hizo dios) adolecen de una falta de perspectiva -por no decir de conocimiento- que asusta. Obvian por completo que desde la Revolución Neolítica, con la aparición de la agricultura y la ganadería, el hombre no se limita a recolectar o cazar lo que encuentra sino que “se fabrica” sus propios alimentos.

Ni el plátano, ni la mandarina, ni la naranja, ni la manzana, ni el trigo, ni el maíz, ni las ovejas, ni las vacas… ni prácticamente nada de lo que comemos que provenga de cultivos o granjas, es natural. Lo siento, pero es así. Las frutas silvestres (o sea, naturales no cultivadas) no tienen nada que ver con las que se encuentra uno en el super o en la frutería. Las vacas y ovejas en estado salvaje se parecían poco a las que tenemos en las granjas… ojo, se parecían poco en los aspectos que las hacen hoy en día comercialmente interesantes: en el tamaño, producción y cantidades.

En biología muchas veces hablamos de “evolución artificial”, “evolución forzada” y términos similares para enfrentarlos a la “evolución natural” cuando estamos hablando de los mecanismos evolucitivos. El problema es que se tiene mucha tendencia a usar esos términos también en el ámbito divulgativo y muchas veces creo que no se entienden adecuadamente. Hay un término que sí se suele comprender y que significa exactamente lo mismo que “evolución artificial”: DOMESTICACIÓN.

Y es que el plátano, las ovejas, el maiz… no son variedades naturales (o silvestres), son variedades domesticadas desde hace milenios. Y ocurre que en la domesticación el ganadero o el agricultor, que no son tontos y quieren obtener el mejor rendimiento de su ganado y cosecha, han ido durante todo este tiempo favoreciendo el cultivo y la reproducción de aquellos individuos que tenían características más interesantes: la planta que da el grano más gordo y que se desprende más fácilmente, las ovejas que crecen más y dan más lana… para eso no hace falta conocer los mecanismos de replicación del ADN mitocondrial… hace falta comer del trabajo de cada uno y ser avispado.

Sin embargo, los mecanismos empleados son similares a muchos de los que actúan en la naturaleza y que englobamos dentro “mecanismos evolutivos”. Con algunas importantes diferencias: se producen a mayor velocidad y tienen una dirección clara. Estas dos características están, en realidad, enlazadas entre sí. En la domesticación existe una dirección para las modificaciones: la obtención de mayores rendimientos… y como existe esa dirección y se aplica de forma muy concienzuda (hay una presión evolutiva fuerte), los cambios suceden de forma tremendamente rápida, en unas pocas generaciones. Así ya teníamos a principios del siglo pasado variedades de trigo y maíz como las actuales, vacas con una producción cárnica tremenda, ovejas con una cantidad de lana descomunal, etc. Variedades que en poco se parecen a las de partida en el aspecto productivo, porque se han favorecido ciertas características de forma artificial casi en cada generación de manera muy activa… y se ha restringido la reproducción de las variedades menos interesantes casi al 100%.

En la naturaleza las cosas son más sutiles, la presión no suele ser tan fuerte y, sobre todo, no hay direccionalidad. Porque aunque está muy extendido el uso del término “evolución” como “cambio a mejor”, biológicamente significa solo “cambio”. La evolución no es finalista es, en cierto sentido, oportunista. No hay cambios que se produzcan “para mejorar” sino que los cambios simplemente suceden y luego el ambiente es el que se encarga de favorecer ciertas características.

En cualquier caso, la existencia de la domesticación y los cambios que nos han llevado a obtener plátanos de 20 cm de largo sin una sola semilla desde las variedades naturales de 5 cm plagadas de ellas; o los que nos han permitido tener el maíz, que ni siquiera se puede reproducir ya sin la ayuda del hombre desde las raquíticas variedades naturales demuestran casi por sí mismos que la evolución es un proceso totalmente real. Y esto se puede aplicar casi a cualquier cosa que comemos y que se obtenga por medios comerciales.

Se suele decir que el hombre no ha producido aún ninguna especie nueva… yo, sinceramente, tengo dudas muy serias al respecto. Algunas variedades creo que deberían considerarse especies por sí mismas, y muchas especies domésticas actuales, de las que somos totalmente responsables, no creo que se puedan asignar a la misma que sus progenitores originales…

Así que, lo siento, pero lo del plátano no vale para demostrar la creación. Prueben con otra cosa… si pueden.

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3 comentarios sobre “Más estupideces creacionistas.

  1. La ignorancia creacionista NO tiene límites, ya que parecen olvidarse (o realmente NO lo saben) que Mussa X paradisiaca es un Híbrido cultivado por el hombre, como por ej: el Maiz.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Banana
    http://es.wikipedia.org/wiki/Avat%C3%AD
    http://mingaonline.uach.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0304-88021973000100003&lng=es&nrm=iso&tlng=es
    http://www.nodulo.org/ec/2004/n032p17.htm
    Con el criterio de esta estúpida gente, se puede decir que la Banana la creó Satanás para que los Gays y las Mujeres se puedan masturbar…Es evidente que ya no saben de que agarrarse para justificar su ESTÚPIDA PSEUDOCIENCIA.

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