Hasta aquí.

Hace algo más de 4 años comencé este blog aquí, después de diferentes pruebas en otros lugares que, por unas cosas u otras, no acabaron de convencerme. En esos años, el blogging estaba en pleno apogeo y no habían despegado aún las redes sociales. De la idea que tenía cuando comencé a lo que se ha ido materializando ha habido siempre bastante distancia, pero la verdad es que siempre he ido poniendo por aquí lo que me inquietaba o lo que opinaba de diferentes cosas que me iba encontrando, además de colgar mis fotos y alguno que otro artículo de tipo técnico que, para mi sorpresa, han sido los que realmente han tenido un mínimo éxito de visitas y lecturas; junto con algunos de temática ferroviaria y tranviaria que se apartaban bastante de la temática orginal del blog.

Ayer, tras postear el último artículo, eché una vista al blog y me dí cuenta de que hace mucho tiempo que no tiene demasiado sentido. Un blog tiene sentido si está vivo y activo y éste está totalmente muerto. Sólo la página sobre la montura Nikon F tiene un mínimo de actividad, y tras ella a mucha distancia el artículo -aún inconcluso- sobre el flash. El resto ha muerto, entre otras cosas porque ¿qué voy a contar yo de las cosas que pongo que no haya sido publicado en otros 20 sitios antes? pues más bien poco o, generalmente, nada en absoluto.

Por otra parte, las fotos que hago por afición hace tiempo que están tomando una orientación diferente, que las hace merecedoras de un espacio dedicado a ellas en exclusiva, sin el ruido que conllevan los artículos de otra temática por el medio, sin artículos técnicos incordiando. Y eso aquí no tiene lugar.

Mirando las estadísticas, hace tiempo que la tabla de visitas está estancada en unas 100 diarias, concentradas en su inmensa mayoría en el artículo sobre Nikon que antes comenté.

Visto todo esto, creo que ha llegado el momento de poner final a la publicación de nuevos posts. No voy a cerrar el blog, pero no habrá nuevas publicaciones por mi parte salvo que alguna circunstancia excepcional me lleve a ello. Mantendré totalmente activa la página sobre la Montura Nikon F, que próximamente se verá, además traducida al catalán. Trataré de terminar el artículo sobre el flash y tengo pendiente la publicación de otra página similar a la de Nikon sobre la montura de Pentax; por todo ello el blog seguirá abierto y activo, pero no habrá más post de caracter general.

A todos los que os habeis pasado por aquí en los últimos 4 años y pico, muchas gracias.

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A vueltas y revueltas con la Ley Cierra-Webs.

Leo hoy una intereante anotación en Microsiervos, sobre el intento de hacer colar la nueva Ley bajo un subterfugio que incluye la intervención de un Juez “como para que parezca legal”. De ahí se llega a otros interesantes links, entre ellos el artículo de David Bravo sobre el tema. Pero también se enlaza un artículo publicado en El País, titulado “Fregonas y Maletas“, de D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra donde, como dícen en Microsiervos, se llega a poner en tela de jucio la necesidad de la existencia del concepto de la Propiedad Intelectual.

Y a mí, personalmente, me parece peligroso proceder por ese camino; de entrada porque el artículo del que fuera Presidente de Extremadura, Comunidad que tiene mucho de qué presumir sobre adopción de sistemas de código abierto, me parece demagógico de principio a fin. Y aprovecha los vientos de la nueva Ley para mezclar churras con merinas.

De entrada, porque parte de la asociación biunívoca “Propiedad Intelectual = SGAE”, y no tiene que ver una cosa con la otra; y terminando porque aquí el problema no es la Propiedad Intelectual, que creo que no discute nadie -o casi nadie- de entre las voces que se han levantado contra la nueva Ley, sino el desarrollo y contenido de una Ley que se pasa por el arco del triunfo derechos fudnamentales, aprovechando que esto de internet es lo nuevo y el culpable de todos los males del mundo mundial.

Creo que no se debe confundir el derecho de un autor a decidir lo que hace COMERCIALMENTE con una obra suya, o a decidir el tipo de uso PÚBLICO que se le quiere dar, con las artimañas de una sociedad de gestión de derechos exclusivamente de autores musicales que defiende más bien las posturas de los que más dinero mueven en el sector, empezando por las discográficas.

El copyright, la Propiedad Intelectual, o el derecho de un autor a decidir lo que se hace comercialmente con su obra, es lo que protege al que crea del listo de turno que se aprovecha del trabajo de los demás para hacerse rico él. Esto no debe confundirse con las maniobras arteras de la SGAE para tratar, ya a destiempo, de que todos sigan comprando discos y tratando de resucitar un modelo de explotación del mercado musical que lleva muerto muchos años, aunque conectado al respirador artificial. El problema puede ser la regulación correcta y óptima del ejercicio de esa propiedad, y es a eso a lo que deberían dedicarse jueces y legisladores, no a seguir alimentando a los prebostes del mundo del disco.