A vueltas y revueltas con la Ley Cierra-Webs.

Leo hoy una intereante anotación en Microsiervos, sobre el intento de hacer colar la nueva Ley bajo un subterfugio que incluye la intervención de un Juez “como para que parezca legal”. De ahí se llega a otros interesantes links, entre ellos el artículo de David Bravo sobre el tema. Pero también se enlaza un artículo publicado en El País, titulado “Fregonas y Maletas“, de D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra donde, como dícen en Microsiervos, se llega a poner en tela de jucio la necesidad de la existencia del concepto de la Propiedad Intelectual.

Y a mí, personalmente, me parece peligroso proceder por ese camino; de entrada porque el artículo del que fuera Presidente de Extremadura, Comunidad que tiene mucho de qué presumir sobre adopción de sistemas de código abierto, me parece demagógico de principio a fin. Y aprovecha los vientos de la nueva Ley para mezclar churras con merinas.

De entrada, porque parte de la asociación biunívoca “Propiedad Intelectual = SGAE”, y no tiene que ver una cosa con la otra; y terminando porque aquí el problema no es la Propiedad Intelectual, que creo que no discute nadie -o casi nadie- de entre las voces que se han levantado contra la nueva Ley, sino el desarrollo y contenido de una Ley que se pasa por el arco del triunfo derechos fudnamentales, aprovechando que esto de internet es lo nuevo y el culpable de todos los males del mundo mundial.

Creo que no se debe confundir el derecho de un autor a decidir lo que hace COMERCIALMENTE con una obra suya, o a decidir el tipo de uso PÚBLICO que se le quiere dar, con las artimañas de una sociedad de gestión de derechos exclusivamente de autores musicales que defiende más bien las posturas de los que más dinero mueven en el sector, empezando por las discográficas.

El copyright, la Propiedad Intelectual, o el derecho de un autor a decidir lo que se hace comercialmente con su obra, es lo que protege al que crea del listo de turno que se aprovecha del trabajo de los demás para hacerse rico él. Esto no debe confundirse con las maniobras arteras de la SGAE para tratar, ya a destiempo, de que todos sigan comprando discos y tratando de resucitar un modelo de explotación del mercado musical que lleva muerto muchos años, aunque conectado al respirador artificial. El problema puede ser la regulación correcta y óptima del ejercicio de esa propiedad, y es a eso a lo que deberían dedicarse jueces y legisladores, no a seguir alimentando a los prebostes del mundo del disco.

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