Mis pequeñas.

En la Photokina de 2010 Fujifilm cometió una osadía, presentó el prototipo de una cámara que, según las declaraciones de los mandamases de muchas compañías -por ejemplo Nikon- no se fabricaba en estos tiempos digitales porque no tenía mercado y nadie la compraría; una cámara digital con controles de tipo tradicional, mandos de control directo de apertura, enfoque y velocidad. Además decidieron hacerla en forma de cámara compacta de visor directo, con objetivo no intercambiable. Había nacido la Fujifilm X100 que se convirtió en la triunfadora absoluta de aquella feria. Ese prototipo ni siquiera tenía garantizado llegar a la serie… pero su éxito fue tal que, cuando se confirmó su fabricación, se generalizaron las listas de espera en la mayoría de mercados. España no fue una excepción.

La cámara “que no tenía mercado” (incluso ante el éxito de público del prototipo, algunos insistían) se convirtió en un éxito para Fuji, vamos ya por la tercera revisión del modelo, con la X100T presentada el pasado año y animó a la marca a presentar un sistema de cámaras CSC de objetivos de intercambiables siguiendo una filosofía bastante similar; además de presentar algunas otras compactas de gama alta de sensor más pequeño, que también fueron bastante bien recibidas.

La X100 es una compacta de sensor APSc y visor directo, con un factor de forma similar al de las telemétricas clásicas de objetivo fijo. Equipa un 23mm f:2.0, equivalente a un 35mm f:2.8 en una cámara de formato 24×36. No lleva telémetro, pero a cambio su visor fue realmente revolucionario, al combinar la posibilidad de disponer de un visor óptico directo con marco brillante superpuesto (y un montón de información disponible, como la escala de enfoque y profundiad de campo, o el nivel de inclinación, compensación y valores de exposicion, ect,) con la posibilidad de pasar el visor a nivel de ojo a un funcionamiento totalmente electrónico. Un EVF que muestra lo captado por el sensor.

Las posteriores X100s y X100T equiparon mejoras en las capacidades del visor óptico directo para su uso en el modo de enfoque manual, que en la original solo se podía hacer por estimación de dstancia.

Poseo una X100 desde que salió, y es una de las cámaras con las que mejor lo paso haciendo fotos. Es la única que me ha acompañado en muchos viajes y salidas

Me encantó desde que vi el prototipo, no solo por haber usado mucho tiempo cámaras de película de enfoque manual con controles tradicionales, como la Pentax K1000 o la Nikon FM2.

La culpable era otra cámara de película, que heredé de un familiar: La Konica IIIM, una telemétrica de enfoque manual y óptica fija, con obturador central (como la X100); una cámara de los años 50 del siglo pasado, que equipaba algunas soluciones poco comunes para su época, algunas no implementadas en cámaras posterioes y más caras

Si visor de magnificación 1:1 tiene corrección de paralaje y tamaño conforme se enfoca a distancias cortas (algo no visto hasta la X100). Equipa un 50mm f:1.8 de muy buena calidad -es muy nítido pese a los años- y sus 5 palas de diafragma son redondeadas para dar una apertura razonablemente circular en las aperturas mas grandes. Fue de las primeras en tener un fotómetro acoplado a los ajustes del objetivo, aunque no era TTL sino que usaba una placa de selenio -en la mía está fuera de funcionamiento-. También tenía algunas soluciones poco comunes, como la palanca de avance de dos toques, situada coaxial al objetivo, para accionarla con el pulgar de la mano izquierda hacia abajo.

Ésta es una de las cámaras con las que mejor me lo he pasado haciendo fotos en mi vida y, con mi vuelta al uso de película de blanco y negro hará así como un año, me dolía verla parada. No la podía usar porque había fallado su obturador hace tiempo.

Hoy mismo la he recibido reparada… Y ya está cargada y acompaña a la X100 en la misma bolsa.konica04

Aquí están ambas, con sus tapas, magnéticas, puestas. Misma solución con muchos años de diferencia.

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La hora del relevo.

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Normalmente, cuando salgo a trabajar o a hacer fotos de naturaleza transporto mi equipo en un mochila específica.

Llevaba utilizando la misma desde mediados de los años 90, y a la pobre ya le ha llegado la hora del relevo.

En lugar de irme “a las de siempre” he optado por una marca todavía no muy conocida en España, pero que fabrica productos profesionales de altísima calidad.

Y, la verdad, no puedo estar más satisfecho con la compra realizada.

La mochila es una Tenba Shootout Backpack Medium y he colgado un análisis en nuestra web profesional:

http://nfoque.es/?p=1850

 

Mis cámaras favoritas.

A cuento de la presentación por Sony de la RX-1, en uno de los foros donde participo ha salido el tema de las cámaras favoritas de cada uno.

La verdad es que nunca he sido “marquista” ni me ha dado por considerar las cámaras como mucho más que herramientas para llegar a las fotos, pero con el tiempo es innegable que la mayoría acabamos por desarrollar preferencias hacia los equipos que usamos o deseos hacia los que nos gustaría tener.

La verdad es que en esto he tenido suerte, mucha suerte, a lo largo de mi vida he podido usar y toquetear equipo fotográfico realmente diverso, de muchas gamas y fabricantes; además del que me ha pertenicido que tampoco me puedo quejar. Las conclusiones que saco con el paso del tiempo, es que soy má de cámaras de visor directo, incluso de óptica no intercambiable, que de réflex. Especialmente no me gustan demasiado los conceptos actuales de cámara réflex: tremendamente sobrecargados de prestaciones y mandos por todos sitios, que si bien los convierte en equipos muy versátiles y completos, llegan a veces a hacer incluso más íncomoda la toma de fotografías.

Por eso me encantó cuando Fuji anunció en su momento la X100, combinando muchos de los avances del mundo digital, empezando por su tremendo visor híbrido óptico/electrónico, con una interfaz de uso tradicional, con su dial de velocidades y anillo de diafragmas, en un cuerpo con objetivo no intercambiable de 23mm de focal, equivalente en encuadre a un 35mm en una cámara de formato 135.

¿Cuáles son mis cámaras favoritas?
De las que he tenido:

Fujifilm X100

Konica IIIM

Nikon FM2

Pentax K1000

 

De las que no he tenido pero me hubiera gustado:

Sony RX-1

Konica Hexar M

Contax G2

Mamiya 6

Fuji GSW690

Pentax LX

Geoposicionando imágenes… actualización

En el post original:

https://chamaruco.wordpress.com/2009/09/07/geoposicionando-imagenes-con-una-nikon-sin-hacer-lo-que-dice-nikon

Comentaba como estaba geoposicionando mis fotos, cuando me hacía falta o lo creía oportuno, sin necesidad de disponer de un GPS específico para la cámara.

Para ello utilizaba mi smartphone para ir grabando el track de la zona por la que me movía haciendo fotos y luego utilizaba una aplicación gratuita en el ordenador para sincronizar ése track con las imágenes.

Por la parte del ordenador he cambiado poco. Sigo utilizando Geosetter, aplicación gratuita que se entiende a la perfección con todo tipo de archivos de imágen. Por ejemplo, es capaz de insertar los datos geográficos sin ningún tipo de problemas tanto en los DNG como en los archivos NEF de una Nikon D800, y lo hace de manera que las propias aplicaciones de Nikon reconocen esos datos y muestran las imágenes como geoposicionadas.

Por la parte telefónica sí que he cambiado. Hace cerca de un año se me averió el Nokia X6 y me pasé a un iPhone 4. Durante una temporada he estado probando aplicaciones que pudieran servir para estos menesteres, y al final me he terminado quedando con ViewRanger. Una aplicación gratuita que sirve para grabar tracks y funciona con sus propios mapas; los mapas son bastante buenos, todavía tengo que explirar la posibilidad de utilizar mapas cargados desde el ordenador ni imágenes geo-referenciadas provinientes del Sigpac, como hacía con el Freetrack para Symbian. Con todo y con eso, las posibilidades de configuración son muy amplias y permite la generación directa de archivos GPS con un par de funcionalidades muy interesantes. La primera es la de enviarlos directamente a través de Dropbox, la segunda permitir el acceso a los tracks alamacenados en el teléfono creando un servidor web al que se puede aceceder desde cualquier ordenador dentro de la misma red wifi… esto lo hace con configuración cero, moviendo un sencillo deslizador.

En la última salida tengo todas las fotos en su sitio… así que por el momento, resultado satisfactorio

Continuando…

Cuando, a principios de este año, decidí parar la publicación en este blog, lo hice porque se había convertido en un “batiburrillo” de publicaciones sin orden ni concierto, mezclando demasiados temas; además de haber dejado colgadas la continuación de algunos artículos sobre material, que llevan durmiendo, no sé ya ni el tiempo. Decidí entonces tomarme un tiempo para pensar la mejor forma de seguir con esto, o bien dejarlo definitivamente.

Al final, he creído que lo mejor es dar continuidad a los temas por separado. Aunque, como ya dije, lo que aquí está publicado aquí se va a quedar; la vertiente fotográfica que venía desarrollando aquí, la voy a continuar en otro sitio: http://nfoque.es/blog.

De ahora en adelante, este sitio quedará para cuestiones más personales y el resto de cosas sobre las que he ido postenado hasta ahora, además de la fotografía.

Gracias a todos.

La década de la imagen digital.

Se acaba 2009, y con el se cierra el decenio que comenzó con el 2000; por mucho que “oficialmente” la década se cierre el año que viene (2001-2010) la practicidad siempre nos hace considerar los periodos comprendidos entre los 00 y los 09. Pero no es de eso de lo que va este artículo. Sino de la evolución del mercado de la imagen en esta década que se cierra ahora; en la que ha habido cambios treméndamente significativos.

La década de los 90, la última del siglo pasado se puede considerar como la de la irrupción definitiva de la electrónica en el mundo de la fotografía. En especial, se produce la integración de sistemas electrónicos en las cámaras, con la generalización del autofocus en las cámaras réflex de todos los segmentos del mercado… incluído el profesional, por aquel entonces bastante reticente a ciertas novedades que venían de la mano de la tecnología.

Esta década que ahora se cierra, ha sido la del advenimiento del mundo digital a la fotografía. Hasta un punto en el que pocos podrían pensar que se llegase en tan poco tiempo: han sucumbido incluso los equipos de impresión en papel basados en papel fotoquímico, revelado por medios químicos; que hasta hace bien poco se manteían como el último bastión en la fotografía, de los materiales fotoquímicos. Con el cambio de década, nos encontramos con un mundo fotográfico totalmente digitalizado y que ha abandonado los procesos del pasado, el “revelado” químico es cosa del pasado, los nuevos equipos de captura son digitales y no llevan película, y nuestras impresiones, incluso las de alta calidad, es muy posible que ya no hayan utilizado papel tradicional, del que se exponía a la luz y se revelaba químicamente, sino que serán copias en las que la imagen se habrá obtenido mediante tintas pigmentadas o tintes de sublimación.

En el 2000, la mayoría de los que ya estábamos en esto usábamos aún cámaras de película. Con el digital tímidamente comenzando a aparecer en la toma de imágenes y centrado prácticamente en el mundo de la edición y retoque de fotografías, como ahora, en gran parte en el mundo de la publicidad; en aquella época aún había pocos equipos de “impresión fotográfica” pensados en el digital, aunque ya había algunos, impresoras como tales a parte, basados en exponer el papel fotoquímico mediante pantallas CRT, lo que nos daba una calidad discreta, pero apta para impresiones a tamaños pequeños y medianos. Por aquel entonces, las impresoras de inyección con capacidades fotográficas, todavía bastante primitivas, basadas como ahora en el mercado doméstico, en tintas colorantes, eran pocas y costaban un buen puñado de pesetas; las impresoras de sublimación ya habían hecho su aparición, y costaban una pequeña fortuna.

Como sabemos, hacia mediados de la década, las cámaras de película prácticamente han desaparecido del mercado, se han impuesto las digitales en los segmentos bajos del mercado y, en el segmento de las réflex, se vuelven a regenerar los mismos escalonamientos de gama que existían en el punto álgido del mercado de la película… es más, las cámaras vuelven a tener aproximadamente los mismos precios en cada escalón, que el que tenían a finales de los 90. Algo que contribuye, otra vez, a su popularización. Han desaparecido, por entonces, casi en su totalidad, las cámaras “semi-réflex” o “puente”, que dominaban al principio los segmentos intermedios del mercado, como escalón entre las compactas sin pretensiones y las réflex digitales que se seguían ofreciendo casi en exclusiva, en lo que antes se correspondía a los segmentos medios y altos del mercado.

Pero la última “gran revolución” es la que hemos tenido en estos últimos años, con la enorme bajada de precio de los equipos de impresión de gran formato basados en la inyección de tintas pigmentadas, además de un descenso increible en el consumo de tinta de los mismos, que han conseguido, en la práctica, destronar a los carísimos, complejos y muy propensos a carísimas averías, minilabs digitales, basados en papel fotoquímico; siendo incluso más flexibles en acabados y posibilidades que estos, consumiendo una parte de la electricidad, ocupando muchísimo menos espacio y ofreciendo una calidad de impresión, por raro que suene, superior. El último bastión lo mantenían los equipos de alta productividad de copias de tamaño pequeño; pero ha terminado siendo vencido. Por un lado por la mejora en calidad, coste y velocidad de impresión de las impresoras de sublimación de pequeño formato; que ofrecen costes por copia brutos algo superiores a los que se obtenían de un minilab… pero que son netamente superiores y permiten acceder a ellas con una inversión centenares de veces inferior y, por lo tanto, más rápidamente amortizable. Por otro lado, los principales fabricantes, como Fujifilm o Noritsu, junto con otros como HP, han lanzado “minilabs secos” basados en la inyección de tintas pigmentadas, de alta productividad, y con posibilidades de impresión directa a doble cara. Lo que abre nuevas e interesantes posibiliaddes en los mercados en expansión de los fotolibros y álbumes digitales, que pueden ser montados “in situ” y en pocos minutos, sin necesidad de externalizar la producción; obteniendo, por lo tanto, mayores rendimientos netos a la producción.

Aún pasará un tiempo hasta que la película desaparezca del todo, aún se mantendrá un tiempo, posiblemente bastante largo, la impresión en papel fotoquímico (que conserva todavía un buen puñado de virtudes, que la siguen haciendo interesante en algunas circunstancias, además de que hay muuchos equipos en funcionamiento). Pero igual que a principios de la década, se dió el paso hacia la digitalización de las cámaras, que hoy es prácticamente universal, ahora se ha dado el paso hacia el abandono del soporte fotoquímico en la impresión… coincidiendo con el fin de la década.

¡Felices años ’10!

Geoposicionando imágenes con una Nikon… sin hacer lo que dice Nikon.

Es algo que está muy de moda actualmente. Normalmente no hago mucho caso de las modas, pero para lo que hacemos en Candiles y Barrenos, el tener las fotos geolocalizadas nos puede venir de perlas.

Así pues, me puse a dar con un modo de geoposcionar las imágenes que tomo en nuestras salidas minero/montañeras. Sony optó para su sistema por un método muy inteligente: un GPS externo a la cámara y sin conexión con ésta que va grabando de manera autónoma el track del recorrido hecho y, posteriormente, se sincronizan los datos grabados con los datos de las fotos. Nikon, por contra, fue la primera en ofrecer la posibilidad de incorporar datos GPS a las imágenes, ya en tiempos de la D1, pero incluso ahora esto requiere llevar unos receptores de modelos específicos (y caros, por cierto) permanentemente conectados a la cámara mientras se hacen las fotos. Algo que, desde luego, no me parecía una solución viable.

La primera opción fue la aplicación que uso para salidas deportivas: el Nokia Sportstracker para symbian. Efectivamente, tiene la capacidad de grabar rutas pero, para mi sorpresa, me he encontrado con que no guarda información de hora en ellas, de ningún tipo. O al menos, no la guarda en un formato que sea capaz de usar para sincronizar con las fotos depués.

Fran, usa en su móvil Windows el CompeGPS, como para Symbian no existe, acabé dando con el SmartCompNav, una interesante aplicación que graba automáticamente los tracks en formato .plt y, de paso, permite cargar imágenes georeferenciadas para navegar sobre ellas, y guardar “waypoints”. Lo cual tiene una aplicación clara, ya que nos permite cargar en el móvil imágenes obtenidas del Sigpac que nos dan clara referencia de donde nos encontramos aunque estemos en mitad del monte. Y, de paso, al ir guardando la ruta, luego podemos sincronizar esos datos en las imágenes que vamos haciendo.

En mi caso lo estoy intentado con GeoSetter, un interesante software libre que lee RAWs en diversos formatos -incluyendo NEF y DNG- además de los JPG, y permite sincronizar las fotos con los datos del track, geolocalizandolas, además de añadir datos fiables obtenidos de web a partir de las coordenadas del GPS, como por ejemplo, la altura real, siempre más fiable que la que nos da el receptor.

Por el momento, progreso adecuadamente, aunque aún no consigo que el programa me posicione todas las imágenes de una salida, posiblemente tengo que ajustar las opciones del navegador en el móvil para que haga la grabación de posición a intervalos más cortos, que me posibiliten una mejor sincronización de las imágenes.

Por el momento, de muestra un botón, esta imagen la tomé el sábado, mientras tomábamos un camino que tomé hace años con Javi, para bajar de la Collada de la Mata. En una ocasión anterior habíamos fallado en encontar el camino, muy modificado tras los trabajos que siguieron a un incendio en la zona. Ahora lo encontramos sin excesiva dificultad gracias a disponer de la imagen del GPS.ç

Los datos GPS deberían ir embebidos en el EXIF (y lo estarán cuando aloje la imagen en mi servidor, porque esto se ha cargado el EXIF).

Buenos cacharros olvidados.

En algunas webs se refieren a ellos como “sleeper lens”; son objetivos de buena calidad, que se vendieron durante poco tiempo o que no son demasiado conocidos a estas alturas por estar descatalogados, pero que dan un rendimiento que los hace recomendables en un momento dado. Ojo, no siempre son excepcionales o comparables a lo que un objetivo de gama alta actual, pero su rendimiento y calidad de construcción suele estar de la mitad hacia arriba en la escala digamos.

Los hay de todas las marcas, incluso las casas independientes de lentes tienen alguno en su catálogo. Algunos están viviendo una segunda juventud después de los lanzamientos de las D3, D3x y D700 por parte de Nikon y de la A900 por parte de Sony, con sensores de formato 135.

Puede salirme un post bastante largo, entre otras cosas porque me voy a basar en ocasiones en opiniones subjetivas o en lo que hice en su día con cámaras de película. También es posible que el post vaya creciendo con añadidos posteriores a la fecha en la que lo publique, no obstante intentaré ser lo más riguroso que me sea posible. Recalco que no se trata de anotar los objetivos con mejor rendimiento de cada sistema, sino aquellos que ofreciendo una buena calidad precio/prestaciones/calidad suelen pasar relativamente desapercibidos.

Canon EOS

El sistema EOS, como el Alpha, data de mediados de los años ’80, cuando Canon y Minolta cambiaron sus monturas para sus nuevas cámaras autofocus. No tiene, por tanto, objetivos antiguos de la época de las cámaras de enfoque manual, pero sí algunos buenos objetivos aparecidos en los primeros años del sistema que se suelen ver poco hoy en día.

Canon EF 50mm f:1.8 (primera versión): La versión actual de este objetivo es una de las más recomendadas en casi cualquier foro o web; se menciona poco la primera versión, ópticamente igual de buena que la moderna, pero mucho mejor construída. Tiene bayoneta metálica y escala de distancias de enfoque. Se ve de segunda mano y muchas veces a precios superiores a los de la versión actual, nueva. Muy recomendable.

Canon EF 50mm f:1.0 L USM: Canon tuvo en catálogo un 50mm ultraluminoso anterior al actual f:1.2L, y como se vé, aún más luminoso. Creo que conozco a uno que dice que su primo tiene un amigo cuyo vecino, una vez, vió uno en persona.

Canon EF 85mm f:1.2 L USM
: Cuando se presentó la versión renovada hace unos años, en algunas webs ni se acordaban de la versión original. No tiene FT/M y el enfoque manual es “by wire”, sin anillo de enfoque mecánico.

Canon EF 100mm f:2.0 USM: Se mencionan a menudo el 85mm f:1.8 y el 135mm f:2.0L pero se suele pasar por alto esta joya: luminoso, compacto y con una calidad impresionante. Me resulta curioso comprobar como los 100mm no macro pasan desapercibidos en favor de los macro que son más incómdos de utilizar para aplicaciones generales fuera de la fotografía de aproximación y que son más voluminosos, menos luminosos y no necesariamente más baratos.

Canon EF 20-35mm f:3.5-4.5 USM: En su día la versión económica de zoom gran angular en la marca. Antes de la llegada de los 17-35, lo habitual era verlos en este rango. Buena óptica, construcción en par con los objetivos de gama media de la marca.

Canon EF 20-35mm f:2.8 L: Zoom gran angular profesinoal de la primera época. Serie L, poco más hace falta decir; curiosamente no es USM y tampoco tiene enfoque manual permanente. Si puedes vivir con un 20mm como extremo angular es de lo más recomendable si lo encuentras.

Canon EF 24-85mm f:3.5-4.5 USM: últimamente parece que no interesan los zooms de gama media. Vemos gente que pasa de los plasticosos zooms de kit, directamente a cosas como el 24-70 L habiendo olvidado alternativas más económicas, con algo más de rango y que pueden ofrecer rendimientos aceptables. Éste fue un zoom bastante popular en su época junto con el 28-105 que veremos a continuación. No tiene un rendimiento estelar, especialmente en su extremo más angular; pero su compacidad y rango lo hacen atractivo para esas ocasiones en las que se quiere ir ligero; ofrece un rango muy adecuado en una cámara de sensor grande para fotografía de reportaje.

Canon EF 28-80mm f:2.8-4 L USM: Un gran olvidado, fue el primer zoom estándar de la serie L, destinado a uso profesional. No tan bueno como sus sucesores pero digno de la L que porta; curiosamente no tiene f: constante, siendo si no me equivoco el único objetivo de la serie L con esa característica. Es USM, pero no FT-M, de hecho su enfoque maunal es asistido: “focus by wire”, el anillo de enfoque no es mecánico sino que es un dial electrónico que actúa sobre el motor en el modo de enfoque manual.

Canon EF 28-105mm f:3.5-4.5 USM
: Hermano del 24-85, ofrece un rango algo más desplazado hacia el lado teleobjetivo; igualmente recomendable y con un rendimiento posiblemente algo más elevado. Existen dos versiones del mismo, pero desconozco si existen diferencias entre ellas.

Canon EF 50-200mm f:3.5-4.5 L: Excelente zoom poco recordado y raro de ver, fue en su día lo que hoy sería el 70-200mm f:4 L, la alternativa menos luminosa al 80-200mm f:2.8. No es USM y el micromotor hace que tenga un AF algo lento y ruidoso. Existió una versión similar pero fuera de la serie L, mucho peor que ésta.

Canon EF 70-210mm f:4 y EF 70-210mm f:3.5-4.5 USM: Alternativas económicas al 70-200mm f:2.8 hasta la llegada de su versión f:4 dentro de la serie L. Con un redimiento bastante inferior al del modelo actual, de ambos es más recomendable el más moderno, de diafragma máximo variable y USM.

http://www.canon.com/camera-museum/camera/lens/ef/data/telephoto_zoom/ef_100~300_56l.html: Antencesor del 100-400 IS actual; sale bastante perjudicado por el uso de micro-motor en lugar de USM, enfoque lento y ruiodoso pero calidad óptica alta. No confundir con la versión no L de misma focal y luminosidad.

Se agradecerá cualquier comentario al respecto.

Proximamente: Minolta

El otro fin de la fotografía tradicional.

Pocos nos esperábamos, hace unos 7 años ahora, que la explosión del mercado digital fuera a ser tan rápida como luego fue. En realidad hasta las más optimistas previsiones auguraban una sustitución de los materiales tradicionales mucho más relajada y gradual; tanto es así que los principales fabricantes de cámaras literamente “se comieron” los últimos lanzamientos de equipos para película, especialmente en cuanto a compactas, pero también en gran medida en los segmentos bajos del mercado de las réflex. Y eso cuando aún faltaban muchos años para que este mercado, el de las cámaras réflex, tuviera la misma segmentación en el mundo digital que tenía en el de la película. Algo que sólo sucedió hace un par de años o poco más.

Esta explosión, como casi siempre que hay un gran cambio en un mercado, se llevó por delante muchas cosas, entre otras cosas el negocio del revelado de carretes que, hoy en día, es algo púramente residual. Yo recuerdo cuando tenía 5 o 6 tipos de película en la tienda ocupando unas cuantas estanterías… y ahora con tener 10-12 rollos de iso 200 voy cubierto para una temporada muy larga.

Sin embargo, una parte en la que el material tradicional, esto es basado en haluros de plata y revelado químico, ha aguantado muy bien hasta ahora: el del papel a color. Y esto es porque seguía siendo una alternativa real para seguir obteniendo impresiones fotográficas dignas de tal nombre, durables, de calidad y a buen precio. Esto se consigue gracias a los minilabs digitales: enormes equipos que, normalmente, basandose en el laser, exponen con precisión sobre papel foto-químico, nuestras imágenes digitales y luego se encargan de su revelado.

Sin embargo este mercado también está a punto de caer. Y posiblemente lo hayan matado los propios fabricantes de minilabs; ya que son máquinas treméndamente caras y muy difíciles de amortizar salvo que se tenga un volumen de trabajo enorme. Algo de lo que muy pocos profesionales de la fotografía pueden presumir hoy en día si nos ceñimos al mercado de aficionado. Y es que, un equipo de 30 o 40 mil euros, que te permite obtener impresiones en unos tamaños de papel bastante limitados (hasta 20×30 cm en los casos “económicos” y gracias), con el que estás expuesto a carísimas averías -entre piezas y horas de técnico cobradas a precio de oro-, con un consumo de electricidad de todo menos bajo, y con consumibles de caducidad bastante corta, especialmente válido para los químicos… es algo que pocas tiendas se pueden permitir a no ser que su volumen de revelados sea muy muy alto. Eso por no mencionar que requieren atención constante y que necesitan de personal que, por lo menos, sepa un poco de qué va el tema.

Esto ha hecho que paulatinamente, el mercado de impresiones en papel, haya ido aproximándose cada vez más al mundo de la impresión basada en tinta. Y en los últimos tiempos la cosa se empieza a precipitar:

-Por un lado las impresoras fotográficas profesionales han bajado tremendamente de precio, tanto de los propios equipos como de las tintas. Esto es válido tanto para las basadas en inyección de tinta, como para las basadas en sublimación. Los equipos son asequibles en tanto en cuanto son inversiones razonables amortizables en un tiempo corto de trabajo.

-Por otro lado la calidad de las impresiones ha crecido hasta igualar o superar las ofrecidas por las printers químicas, con equipos mucho más sencillos, menos voluminosos, menos propensos a averías y mucho más versátiles, pues se abre un abanico de posibilidades en cuanto a materiales y tipos de papel, sin más inversión que la del consumible en sí.

Y ojo, que no estoy hablando aquí de las impresoras fotográficas domésticas, basadas en tintas coloreadas; sino en las impresoras profesionales de sublimación y de inyección de tinta basadas en tintas pigmentadas. Que no son nuevas, ni mucho menos, pero que sí han mejorado sustancialmente en los últimos tiempos.

Así, nos encontramos con una migración general hacia las impresoras de gran formato basdas en entre 10 y 14 tintas pigmentadas, con una reproducción fotográfica equivalente o superior a la que se obtiene con las buenas printers foto-químicas, a menor coste. Esto es algo que cualquiera que visitase el último Fotoventas Digital pudo comprobar en persona: masiva presencia de plotters de Epson, Hp y Canon… y casi nula de equipos “tradicionales”.

¿Es el final de la fotografía tal y como la concebimos siempre? Pues si no ha muerto ya… muy poco le queda. Y entonces habrá caído el último bastión que le quedaba al material foto-químico.